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El Ladrón De Corazones (Fanfic De Ranma +18)


73 respuestas en este tema

#1 lizeth

lizeth
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Escrito 03 June 2009 - 07:37 AM

Todos los personajes que aparecen en esta historia son propiedad de Rumiko Takahashi, y los utilizo sin ninguna intención de lucro.

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El ladrón de corazones

La rosa del jardín prohibido

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Se notaba con claridad la inclemencia de los rayos del sol puesto en lo más alto de la ciudad cuando el taxi se detuvo, justo en la entrada del Dojo Tendo. A pesar de que el calor se mezclaba de forma asfixiante con el fresco de la temporada de invierno, apreciaba sentirlo en carne propia nuevamente. Después de estar más de cuatro meses en el hospital, era bueno saber que ahora podría terminar de recuperarme en la casa del señor Soun, un amigo de mis padres.

No recuerdo mucho sobre lo que sucedió en el accidente que sufrí, para ser sinceros, olvidé bastantes pasajes de mi vida, aunque bueno, ya es bastante fortuna el que siga con vida después de caer de un sexto piso y estar en pie para contarlo. Aún guardo los vestigios de tal hazaña en el dolor de todo el cuerpo al respirar, la enorme cantidad de vendas que cubren gran parte de mi cuerpo, la incómoda escayola del pie y los parches en la cabeza.

Mi mamá se adelantó en bajar del coche para rodearlo y abrir la puerta de mi lado, ayudándome a salir del vehículo. A mis veintitrés años, me sentía como un niño indefenso, pero en esos momentos no podía hacer nada más que aceptar su ayuda, o quedarme echando raíces en el asiento de pasajeros hasta que terminara de sanar y pudiera salir por mis propios medios.

Contuve la respiración por varios segundos, para luego sacarlo en un profundo resoplido, en parte por el dolor causado al pararme del auto, recargando todo mi peso sobre la muleta, y por otro lado, la visión de la enorme casa a la que arribamos. Era gracioso porque ella me comentó que llevaba viviendo en ese lugar por más de siete años y, sin embargo, no era capaz de recordar ninguna vivencia allí.

Aún así, sabía que todos los que vivían en esa casa eran gentiles y bondadosos, al menos la mayoría. Sé que mientras estuve en el hospital todos se estuvieron turnándose para cuidarme y no dejarme solo ni un momento. Ya con el sólo hecho de ayudar a mi madre y al viejo, tenían mi completo agradecimiento, después vería la forma de compensarlos, era lo mínimo que podía hacer en gratitud.

El taxi se marchó y nosotros nos adentramos despacio al interior de la casa, con ella sujetándome del brazo por si llegaba a perder el equilibrio, más bien, para darnos firmeza a los dos, le faltaban fuerzas, su rostro había perdido un poco de la lozanía que antes portaba, también estaba más delgada, y no era para menos, podía imaginarla sin quererse despegar de mi lado mientras luchaba con mi inconsciencia. Pero ahora tenía enmarcada esa hermosa sonrisa de gusto, la que me dejaba entrever que pronto volvería a ser la misma de antes.

Mi madre dejó la maleta con la ropa a un lado de la puerta y recorrí con la vista todo el lugar, parecía demasiado tranquilo, cómodo y acogedor. "No está mal" pensé, además, el enterarme de que en esta casa contaban con un Dojo a disposición para entrenar, me llenaba de muchísima emoción, no había olvidado que parte de mi vida era la dedicación a las artes marciales, no por nada era había terminado convertido en uno de los mejores maestros en todo Japón.

El corredor lucía vacío, y yo todavía conservaba el nudo en la garganta por el nerviosismo, rogando a todos los dioses porque los doctores tuvieran toda la razón al decir que había muchas posibilidades de que me recuperara del cuadro amnésico, sino, iba a ser una constante diaria el torturarme pensando en que podría estar olvidando cosas realmente importantes.

— ¿Asustado?— Coloco la mano en mi hombro y un escalofrío me recorrió de pies a cabeza.
—Jeje, no, pa-para nada—. Tartamudeé, ¿a quién engañaba? me estaba matando de los nervios y los pies amenazaban con desplomarse sin fuerza.
—De seguro están en el comedor, vamos para allá—. Con un leve empujón hizo funcionar mis piernas, avanzando hacía donde ella pedía.

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Al pararnos en la puerta, todos los presentes voltearon a vernos, sumamente sorprendidos por nuestra llegada. De los inquilinos, en primera instancia sólo había reconocido a Kasumi, al Dr. Tofú y a mi papá, aunque con él, bien hubiera soportado la inmensa pena de dejarlo en el olvido.

A Don Soun Tendo, Nabiki y Akane, tuve oportunidad de conocerlos el día que desperté hace una semana, hasta que me dieron de alta en el hospital, parecían buenas personas, y a ninguno de ellos parecía molestarles el cuidarme.

— ¡Ranma! Qué bueno que ya estás aquí. Por favor, toma asiento—. Kasumi me ofreció con la amabilidad de siempre. La recordaba siempre preocupándose por el bienestar su familia y tratar de que todo estuviera siempre bien. Así que me alegraba de que por fin ella y el Dr. Tofú estuvieran comprometidos.
— ¡Ven muchacho! Siéntate a comer con nosotros—. Exclamó Don soun. Lo había olvidado por completo, pero desde el instante en que nos presentaron y pude ver su preocupación a través de esas cataratas imparables de agua, me había tratado como un hijo, más que el abusivo de mi padre, y por ello, le tenía bastante confianza.
—Sí, no te preocupes, no eres parte del menú del día—. Soltó con guasa, Nabiki. Era una buena chica, con todo y que al conocerla pude ver el ligero interés que tenía por todo aquello que tuviera valor monetario. Más que nada, cuando empezó a insinuarme la remuneración que debería recibir por cuidar de mí.
—Me alegro que ya estés bien—, me sonrió Akane—. Hazle caso a papá y acompáñanos—. Me brindó con el mismo gesto agradable. Sin duda alguna, era la más bonita de las hijas del Sr. Soun. Esa alegría que desprendían sus ojos le hacían verse aún mejor y había cautivado mi corazón desde el primer momento en que la conocí.

Correspondiéndole a su sonrisa le hice caso, y junto con mi madre, nos sentamos en el espacio que guardaron para nosotros. Después de esperar unos momentos a que se me pasara el dolor que supuso el flexionarme, la boca se me hizo agua ante tanta delicia junta. Sí, lo recordaba bien, Kasumi era una estupenda cocinera y podía asegurar que se había esmerado más por esta ocasión en especial.

Con la mano temblorosa cogí un tazón y su tenedor, comenzando a servirme unos trozos de pescado, pollo y cualquier otro manjar que encontrara al paso, dejándome embriagar por la apetitosa presentación de los platillos y el delicioso olor que desprendían los alimentos al clavarle los cubiertos.

— ¡Buen provecho!—. Después de la oración por nuestros alimentos, todos empezamos a comer. ¡Y por todos los santos que estaba delicioso! Meses enteros alimentándome por medio de una sonda, y otra semana sobreviviendo al infierno de la insípida comida que servían en el hospital, eso sin dejar de lado el temible trato de las "amables" enfermeras, hacían que esto supiera a gloria.

Durante la comida, no pude evitar notar la tristeza en los ojos de Akane, quién hacía lo imposible por evitar mirarme a los ojos, y cada vez que coincidíamos, no podía negar que ese sentimiento me causaba un vuelco en el corazón, porque sentía que podía ser el culpable.

Además de esto, sentir la mirada de escrutinio de los demás era algo estresante, cosa que en parte me motivaba a jugar a ser un detective en búsqueda de respuestas para resolver mi caso.

- - -

Al atardecer, toda la familia volvió a sus actividades normales, la curiosidad del recién llegado había pasado. Mis padres fueron a dejar mis cosas a la habitación que habían acondicionado para mí, mientras esperaba sentado en el borde del corredor, mirando extasiado el salto de los peces en el estanque. Viéndome como ellos, libres en la inmensidad de su charca, y a su vez, reducidos a ese espacio tan pequeño comparado con un río o el mar. Yo había dejado el estanque por el mar, pero estaba varado con esa incómoda ancla blanquecina en el pie, y la cruel ignorancia por no saber qué había afuera.

También me perdí en el suave mecer de los árboles y la fresca brisa que chocaba con mi cara, haciendo que entrara en una somnolencia profunda y me tirara en la duela para descansar, aprovechando que nadie estaba cerca en ese momento.

— ¿Cómo te sientes?—. Akane tomo lugar a un lado mío para hacerme compañía.
— Creo que bien—, me senté al instante como un resorte, haciendo que los músculos de la espalda respingaran, —es cosa de días para que me quiten la escayola y las vendas; son bastante molestas—. Me alegraba infinitamente porque ella se acercara, con mi forma de ser, hubiera tardado semanas o meses en iniciar una conversación.
—Me imagino—, contestó amable—. Pero no te enojes, todo es para ayudarte a sanar.
—Claro, esa es la única razón por las que no me las he quitado y las he tirado a la basura.
—No tienes remedio—. Me sonrió, siempre eres demasiado testarudo.
—Sí, ya me lo han dejado claro todos los que me han visitado, incluyéndote—, Confesé con pena, más era la verdad, otra cosa que debería haber dejado en el bote del olvido. — Y dime, ¿qué hay de ti? ¿Cómo te va?—. Pregunté con enorme curiosidad. Sabía que al conocer a su hermana tendría que conocerla a ella, sin embargo, había olvidado cualquier vivencia junto a Akane, y lo lamentaba de sobremanera.
—Hago lo posible por sobrevivir—, se sonrojó levemente mientras llevaba su tersa mano al estómago—. Llevo semanas enteras sufriendo mareos y nauseas, sólo deseo con ansía el día que por fin desaparezcan.
—N-no te preocupes— le miré con ternura—. Al final todo esto habrá valido la pena, y al verlo, te olvidarás de todo el sufrimiento que has pasado. Además, tienes muchas personas a tu alrededor que te apoyan.

Ambos reímos con ganas al referirnos al tema del olvido, y aunque me causara una terrible zozobra, lo mejor que podía hacer era vivir el momento, ya habría tiempo para preocuparme por los detalles.

Y en este instante, lo que atraía con fuerzas a mi corazón era Akane, ese bello ser que había llegado a iluminar mi vida y que no se había separado de mi lado desde que había vuelto a la consciencia, que se preocupaba, junto con mi madre porque estuviera bien y que transmitía esa tranquilidad que me calmaba en mis momentos de dolor y en los que pensaba que jamás saldría de aquél terrible lugar.

—Dime, Ranma, ¿has recordado algo más?—. Me interrogó con serenidad.
—Sólo algunas cosas, pero nada que sea importante—. Suspiré con tristeza. Al paso que iba, terminaría por envejecer sin terminar de conocerme.
—Te fe, te lo aseguro, pronto estarás como nuevo—. Ella se movió de su asiento para quedar más pegada a mí y colocar la mano sobre la mía. Haciendo que mis mejillas se cubrieran de carmín.
—Se-serviría si me dieras algunas pistas—. Dije en broma, pero bien podría salir algo bueno de lo dicho, al saber que no la recordaba, pudiera contarme más de sí, algo que me ayudara a traerla de regreso de aquel oscuro baúl de olvido.
—No, es mejor así, además, podría caerte mal un si recibes demasiada información de una—. Akane desvió la vista para contemplar la caída de la noche y el alzamiento de la brillante luna llena que iba tomando su lugar en el firmamento.
—Tienes razón, no debería forzar tanto al destino. Todo vendrá cuando deba ser—. Le sonreí a plenitud, moví los dedos de la mano, de modo que quedaron suavemente entrelazados con la de ella y desvié la vista hacía arriba, sólo que en lugar de la blancura de la luna, sólo venía a mi mente la imagen de Akane.

Me preguntaba vanamente si habría estado enamorado de ella con todos mis recuerdos en su lugar; si mi corazón había intentado acercarse antes de que fuera demasiado tarde, a lo mejor éramos buenos amigos, quizás lo intentamos y algo salió mal, con las tonterías que me han contado que he cometido, no lo dudaba ni tantito.

En fin, el único consuelo era poder admirarla a la distancia, con esa mirada de ángel, los labios rojizos, dignos candidatos para ser besados en cualquier momento, la cabellera sedosa y azulada, recogida en una coleta y la blancura de la piel desnuda que no alcanzaba el cobijo de su camisón y que me llamaba a protegerla con ahínco. Acariciando la tersura de su mano, deseando con locura que fuera su mejilla…sus labios…

Sólo había una mínima cantidad de "detallitos" que impedían acercarme a ella y tratar de pretenderla: la extrema timidez que me dejaba sin habla al menor intento de articular una palabra agradable, el relumbrante anillo de bodas que anunciaba a los cuatro vientos que su corazón era de alguien mas...y esa tierna pancita de embarazada que le hacía verse aún más hermosa de lo que ya era.



Continuará



Notas

Hola, ¿Qué tal? n_n aquí vengo con otro fic, cuya idea nació en medio de la ociosidad de un viaje en autobús.

He decidido estar haciendo los capítulos cortos, con la intención de estar actualizando seguido y no quedarme estancada por falta de tiempo al ligar las ideas.

Ahora, hablando de los detalles del fic. Lamento volver a escribir en primera persona, pero necesito escudarme lo más posible en la inocencia del chico n_n. Por otro lado, en el final me estoy debatiendo entre dos opciones, pero hay un 85% de posibilidades en que no sea un final feliz, así que si no gustas de leer este tipo de historias, quedas enterado de antemano.

Saludos y nos vemos pronto.

Este tema ha sido editado por lizeth: 13 February 2011 - 04:36 AM

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#2 bekita-chan

bekita-chan
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Escrito 03 June 2009 - 12:18 PM

super lindo... esta muy hermoso espero la conti pronto...

:fan: :fan: :fan: :fan:
el amor nunca fue tan doloroso... eres mi vida y me matas
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#3 Hanna-chan

Hanna-chan
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Escrito 04 June 2009 - 07:51 PM

Hola!!!!!!!!!!!!!!

me encanto este primer capi!!!!!!!!!!!

me da mucha curiosidad por saber
que fue lo que le paso a ranma????????????????

y akane embarazada y casada????????????
es de ranma?????????????
espero que si!!!!!!!! :voyfeliz:

estare esperando el proximo capi :miniojis:

sayonara!!!!!!!!!!
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#4 Sara-chan

Sara-chan
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Escrito 05 June 2009 - 04:42 PM

Hola!!

Me encantó el primer capitulo!! :miniojis:
La trama de la historia es muy buena y ha conseguido atraparme :enamorao:
Me encanto como todos se preocupaba del bienestar de Ranma :miniojis:
Tengo algunas dudas o curiosidades: ¿Que le ha sucedido a Ranma para caerse de un sexto piso?? Akane embarazada y casada ¿con quien? Seguro que con Ranma... a que sip??

Espero saber que pasara en el segundo capitulo que la estare esperando ansiosa :otra: que me tienes intrigada.

Cuidate y miles de besos

Un abrazo de :quetecomo:

Sara^^
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Inuyasha&Kagome forever

#5 io_akane

io_akane
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Escrito 06 June 2009 - 02:27 AM

Hola la verdad que fue muy atrapante y aunque no tendra un final feliz me arriesgo a leerla igual xD.Que le paso a Ranma que perdio la memoria?y Akane ya esta casada?y embarazada?
Que intriga saber como seguira al relacion de Ranma y Akane ahora...
Espero al conti ansiosa.




Besos,cuidate. :borrachillo:



#6 lizeth

lizeth
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Escrito 19 June 2009 - 08:00 AM

Todos los personajes que aparecen en esta historia son propiedad de Rumiko Takahashi, y los utilizo sin ninguna intención de lucro.

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El ladrón de corazones

Rocío de realidad

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—¿Ranma?
—¿Qué quieres?—. Contestando con un rastro visible de hostilidad en mis palabras.
—¿Estás celoso?
—No, ¿por qué habría de estarlo?
—Entonces debí imaginarlo, ¿no?
—Por supuesto. Sólo me molesta que tengas esa confianza tan excesiva con la gente. No todos son buenas personas.
—Y tú eres bastante desconfiado. Nada malo va a pasarme. Yusuke es un chico bastante amable, no va a quitarse la máscara y transformarse en un monstruo sólo porque tú lo digas.
—Pues a mi me parece uno más de los que quisieran aplastarme como una mosca para poder estar a tu lado.
—Oh, no dejaré que lo hagan—. Riendo a carcajadas.
—Gracias—. Contesté con sarcasmo.
—De nada—. Replicando con el mismo tono.
—…No puedo evitar preocuparme por ti, ¿ves lo perdido que me tienes?
—Y eso me agrada…Ranma —volviendo a cambiar su voz a uno suave, melodioso…hipnotizador —…Ranma.

— — —

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Me levanté exaltado como cada noche desde que había llegado a esta casa. Cada vez escuchando esa aterciopelada voz entre la oscuridad de las paredes, platicando conmigo, discutiendo, llamándome. Noches en las que, en mi inmerso sueño no podía hacer otra cosa que ser testigo mudo de sus palabras, y no poder estar siquiera seguro de si eran parte de mis recuerdos o una vil broma salida de mi imaginación desatada.

A pesar del fresco clima otoñal, limpié el baño de sudor que cubría mi rostro y salí con esfuerzo rumbo a la cocina, de todas formas no volvería a conciliar el sueño en lo que faltaba por amanecer.

Caminé los pasillos en tinieblas para no despertar a nadie, aunque con el seco golpeteo de las muletas en la vieja madera, cualquiera con mucha imaginación, tendría bastante pila para sacarse de la manga una tonelada de fascinantes historias de terror.

No fue grande mi sorpresa cuando llegué a mi destino y la luz de la cocina estaba prendida, en realidad ya sabía quien era, había tomado tarea de descubrir cuándo no podía dormir al notar las luces encendidas de su cuarto, y días antes ya la había encontrado admirando la luna, sentada en el jardín de la casa. Empezaba a sentirme como un león asechando a su presa, y lo peor es que no guardaba nada de culpa por ello.

—¿Qué haces despierta a esta hora de la noche, Akane?—. Claro que siempre era gracioso escuchar que nuevo pretexto inventaba para no verse descubierta en su rutina nocturna.
—N-no podía dormir, así que vine a hacerme un té. ¿Tú tampoco puedes dormir?—. Acercándose a mi para jalar una silla de la mesa y hacer que tomara asiento.
—Gracias…No, tengo días soñando cosas bastante extrañas—. Suspiré.
—¿Quieres que te sirva un poco? Aunque tendrás que esperar porque me he terminado el que había.
—Que tiene, esperaré. Dudo que vuelva a la habitación pronto.
—Entonces pondré a calentar el agua—. Me sonrió. La seguí con la vista mientras iba a la estufa y colocaba un pequeño recipiente con agua. Luego volvió a su lugar y dio un sorbo a su té —Y ¿Cómo qué cosas estabas soñando?—. Le escuché tartamudear con nerviosismo.
—Bueno, me veo en conversaciones extrañas, sin ningún sentido. Por lo menos no lo tienen aún — Me rasqué sin disimulo la cabeza, el sólo hecho de sentir que no tenía el control sobre mi me hacía sudar en seco—. Hoy me soñé celando a una chica.

Fue bastante divertido y a la vez intrigante ver su cara desencajada y las artimañas para evitar echar fuera el trago de té que había bebido cuando le hablé sobre mis alucinaciones. Eso significaba que quizá esas voces eran algo más real de lo que pensaba.

—Ya sé que habíamos quedado en no remover más de mi pasado hasta que este fuera llegando solo, pero hay días que siento que eso no va a pasar jamás. Podrías al menos ayudarme, diciéndome si hay alguien por quien yo estaría preocupado.
—Realmente sí, ella todavía no vuelve de su viaje, pero ya le avisamos que has vuelto a la consciencia y muy pronto vendrá a verte, es tu prometida—. Fijó su vista en mí con timidez.

El sonido de la calentadora me distrajo un poco, mientras ella se levantaba y vertía el agua en una taza, colocaba la bolsita con el concentrado del té y me lo acercaba, junto con un tarrito marrón.

No sé qué rayos esperaba escuchar, pero por alguna razón esa respuesta no era precisamente de mi agrado.

—Va-vaya, no lo imaginaba. Y, hemm… ¿me puedes decir cómo se llama?
—Shampoo, su nombre es Shampoo y ella proviene de una aldea de China —me miró con una mezcla entre compasión y alegría, con lo que no podía deducir mucho—. Es muy bonita.
—Su nombre me es familiar, pero no logro recordarla —Sonreí apenado— ¿Cu-cuánto hace que la conozco? ¿Dónde la conocí?—. Continué con mi interrogatorio, aprovechando que estaba dispuesta a contestar mis preguntas.
—Creo que si las artes marciales no te funcionan, deberías probar ser un agente investigador —dijo con buen sentido del humor—. La conociste allá mismo, en China, durante uno de los viajes de entrenamiento con tu papá, la derrotaste en un combate y sus leyes establecen que si un hombre las vence, deben casarse con él. Esto fue hace más de siete años.
—¿Así que un compromiso arreglado?
—Más o menos, pero cuando la conozcas, no te arrepentirás.
—Espero que no se moleste cuando se de cuenta que después de tantos años de conocerla, me he olvidado por completo de ella…debe ser muy frustrante, ¿no te parece?
—Sí, supongo que sí.

Aunque la cocina tenía una luz suave, me permitía admirar a plenitud cómo su bello rostro volvía a cubrirse con ese manto de tristeza que parecía envolverla cada vez que hablábamos del pasado, como si mis palabras removieran una herida; una herida a la que no permitía que me acercara.

—Será mejor que regrese a mi habitación a tratar de conciliar el sueño, o en la mañana estaré aún más fea y ojerosa de lo que ya estoy. Tú también trata de descansar, será un gran día—. Palmeó con ternura mi hombro y se dirigió a la entrada de la cocina.
—Eso no es cierto…t-te ves mu-muy bien—.Tartamudeé.
—Gra-gracias, Ranma—. Se detuvo en el marco de la puerta para mirarme con ternura.
—T-tú también descansa—. Atiné a decir antes de que desapareciera.

Me quedé en la soledad de la cocina un rato más, jugando a ponerle un rostro a mi prometida, imaginar su carácter y adivinar sus pasatiempos. Sólo deseaba que cuando la conociera, volviera a llenar los sentimientos tan indiferentes que por el momento albergaba mi corazón por ella.

Cogí las muletas, me levanté del asiento y me dispuse a salir, pero algo me detuvo, llevaba más de media hora ahí y no había probado el té que Akane me había preparado, era un desconsiderado. Queriendo irme lo más rápido posible, cogí la taza y traté de sorber todo el líquido de un solo trago…trago que casi escupo, cuando me di cuenta de que no le echó ni una pizca de azúcar.

—¡Esa niña boba! ¿Quién le enseñó a hacer té?

— — —

-

Para mi infortunio, la mañana llegó demasiado rápido, y con ello, el escándalo y la movilización de todos los miembros de la casa. Con tanto grito y pasos yendo y viniendo, no me quedó otra que levantarme e incluirme en ese sistema.

Alentando mi buena fortuna, descubría que mi cuerpo cada vez dolía menos, y el yeso del pie empezaba a ser un estorboso cascarón de este. Cualquier día de estos iría con el Doctor Tofú para que me lo quitara, no veía la necesidad de traerlo por más tiempo.

Al salir de mi habitación para ir abajo, me detuve silencioso frente a la habitación de Akane. Parecía estar discutiendo acaloradamente con alguien a quien no podía escuchar con claridad. Presa de la curiosidad, caminé hacia la puerta, evitando golpear el suelo con la muleta.

—¡No puedo permitir que sigas haciendo esto!--. Estaba dispuesto a pegar la oreja a la puerta de madera, cuando esta se abrió de repente, viendo salir a mi madre de la habitación y quedar volando en los aires por unos instantes.
—Bu-buenos días—. Tartamudeé al verme descubierto por las dos mujeres.
—Ranma, hijo, ¿qué haces aquí?— Preguntó con curiosidad mientras cerraba la puerta con un azote.
—Na-nada, yo…esto…escuché gritos y quería saber si estaban bien.
—Sí, no te preocupes. Nada más platicábamos. Sólo que las mujeres embarazadas suelen ser un poco tercas.
—Pues a mi me ha parecido una chica muy tierna y agradable—. Le corregí, quizás luego me daría cuenta de que no estaba en lo correcto y era mera suerte de principiante el no toparme con su genio aún.
—¿Por qué no vamos al comedor? Te prepararé algo muy nutritivo para que te recuperes más pronto—. Cambió de tema sin disimulo. Yo sólo asentí y la seguí en silencio.

— — —

-

Terminado el desayuno, me fui a escondidas de todos al Dojo, estaba harto de la monotonía de mi vida en estos últimos días, necesitaba practicar, y lo haría, aunque tuviera que volver a quebrarme todos los huesos del cuerpo.

—No deberías estar aquí—. Me dijo con seriedad Akane, sin distraerse de la rutina que estaba haciendo en esos momentos.
—Lo mismo podría decirte —Le repliqué, dejando caer las muletas a un lado y comenzar a balancearme en el aire, hasta que cogí equilibrio — tengo entendido que en tu estado es muy peligroso que practiques este tipo de deportes, ¿no?
—¡Claro que no! El Doctor Tofú me ha dado permiso, siempre que no haga katas muy difíciles o use mucha fuerza.
—Pues yo sigo creyendo que es muy peligroso para ti y tu bebé, ¿es que tu esposo no te ha dicho nada?—. La kata se detuvo y después de unos segundos, volteó a verme.
—No, él también está de acuerdo en que practique. Só-sólo me pidió que fuera cuidadosa—. Me replicó y un extraño sentimiento comenzó a recorrer todo mi cuerpo, haciendo que la sangre de mis venas hirviera y se dejaran ver a través de la piel. Parecía ser molestia, coraje o algo más, ¿pero por qué? Se suponía que yo estaba comprometido, y ella… ¡rayos! Justo me estaba hablando de su esposo.
—Es-está bien. Pero ten mucho cuidado—.Le sugerí como único consejo, no tenía poder alguno para decirle qué hacer y qué no.
—Lo tendré.
—Por cierto, esta mañana, ¿Por qué discutías con mi mamá?—. Realmente podía quedar como un chismoso, pero una de las protagonistas era mi mamá, y podía usar ese valioso pretexto para sacar más información.
—Yo…bueno…lo que pasa es que no está de acuerdo con algunas decisiones que he tomado, ella me ve como si fuera una hija igual que tú, pero hay cosas que sólo yo puedo decidir…y ella no lo entiende—. Tomó asiento en el piso del dojo para descansar un poco y yo la imité.
—Entiendo, las mamás suelen ser así con sus hijas, pero no lo hacen con mala intención —le comenté para tranquilizarla—. Mi madre podría tener unas ideas muy raras a veces, más nunca con el motivo de lastimar a alguien.
—Por supuesto, yo también la aprecio como si fuera mi madre. Desde que llegó a esta casa no la he visto de otra forma—. Sus palabras me reconfortaron y me hicieron saber que las decisiones que tomara, siempre serían a favor de su bienestar.

— — —

-

Quise intentar un par de katas de las más sencillas, pero era obvio que mi equilibrio y agilidad todavía estaban de vacaciones, así que decidí tomar el consejo de Akane y esperar unos cuantos días más en comenzar a practicar, total, ya iba por buen camino para regresar a ser como antes.

Después de verla entrenar un buen rato, y de corregirle algunos movimientos un tanto "extraños", ambos nos dirigimos de nuevo a la casa para tomar un baño. En un rato tendría una veintena de moretones y los músculos me dolían terriblemente aunque sólo practiqué un par de minutos. Con todo esto, al menos ya sabía que estaban ahí, dormidos, esperando a que los volviera a echar a andar.

Mientras recorríamos los pasillos, una curiosidad aún mayor empezó a carcomerme por dentro, ¿dónde estaba el padre del hijo que ella esperaba? Tenía cerca de dos semanas que había llegado a la casa y aún no lo miraba por ningún lado, de hecho, parecía que toda la familia cuidaba religiosamente el hacer algún comentario acerca de él.

—Oye, Akane, perdona la pregunta, pero ¿y el padr…—. No tuve oportunidad de terminar mi cuestionamiento porque el teléfono empezó a timbrar y ella se apresuró a contestar. Su rostro, feliz y satisfecho por el entrenamiento, volvió a adquirir su tono serio durante el transcurso de la llamada.

Al colgar clavó sus ojos en mí con una media sonrisa.

—Es Shampoo, dice que llegará en un par de horas. No pierdas tiempo y vete a dar un baño. No querrás que venga y te encuentre con el vestigio de tu entrenamiento encima—. Se tapó la nariz con burla y se marchó con rumbo a la sala de la casa.

- - -

-

Una vez que me di una ducha, no me quedó más que subir a mi cuarto a esperar la llegada del atardecer, hora en que me dijeron que llegaría Shampoo. Me sentía como un colegial nervioso por su baile de graduación, añoraba saber más de esa chica, conocer más de mi pasado, y esperaba con mucho anhelo que ella no estuviera de acuerdo con esa política de no darle información a los desamparados

Por fin alguien hizo timbrar la puerta, y dado que estaba solo en la casa, salí de mi cuarto a toda prisa, y de igual forma me dejé ir sobre los escalones. Antes de abrir inhalé profundamente para reducir la adrenalina y proseguí.

—¡¿Shamp…—Exclamé, tratando de mostrar mi mejor cara de felicidad.
—Hola muchacho, me alegro ver que ya estés bien. —Me sonrojé avergonzado por la efusiva cara de tonto con la que abrí la puerta—. El Sr. Soun me ha encargado estas botellas de leche. Lamento no haber podido traerlas antes, pero hemos tenido mucha venta el día de hoy —Para mi desilusión, sólo era el lechero que se encargaba de surtir el Dojo de productos lácteos—. Luego vendré a cobrarle.
—No tenga cuidado— Sonreí — Le haré saber a don Soun cuando regrese—. Cerré la puerta fastidiado y dejé los envases a un lado del recibidor.

Y de nuevo llamaron a la puerta. Sin mucha gana, volví sobre mi camino para atender, de seguro era el lechero que había olvidado decirme algo.

—¿Ahora qu…—.Allí estaba, la que se suponía que era mi prometida, una hermosa joven de la misma edad de Akane, piel blanca, intensos ojos y cabellos púrpura, observando con detenimiento mi reacción al verla. Le sonreí en un gesto amable mientras mi cerebro rápidamente trataba de buscar información, sin encontrar nada. Ella sólo sonrió y se abalanzó sobre mí, y yo me quedaba paralizado de la sorpresa.
—¡Nihao, aireen! Por fin volver de hospital! ¡Extrañarte tanto!—. Sin darme tiempo de meditar, acercó su rostro angelical y selló sus labios con los míos.

-

Continuará

-

Notas

Hola n_n aquí vengo de nuevo. Debo decir que me he tardado un poquito porque me he entretenido escribiendo el final de la historia XD. Sip, cuando llegue a la parte final no tendré pretexto para no actualizar pronto.

Muchísimas gracias a los que se han dado unos minutos de su tiempo para leer la historia y a los que amablemente han dejado su comentario, son muy bien recibidos.

Un saludo muy especial a bekita-chan, io_akane, Hanna-chan y Sara-chan por darse un tiempito para leer n_n, pues por lo pronto con este capítulo sé que no las he sacado mucho de dudas, pero pronto irán saliendo a la luz todos las respuestas ocultas y más dudas sobre lo sucedido XD.

Nos vemos pronto.

Este tema ha sido editado por lizeth: 20 June 2009 - 12:47 AM

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#7 Kyoko-Sempai

Kyoko-Sempai
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  • Ubicación:Pachuca hidalgo

Escrito 20 June 2009 - 12:37 AM

aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh!!!!
ke bonito fic!! :miniojis:
pero por favor dime ke el hijo de akane
es de ranma :sinpalabras:
y ..... lo del 85% de probabilidades de un
final "triste" mmmm...... por ke no lo reconsideras???
no es cierto... lo ke tu decidas estara perfecto
aunke me pondra muy triste.... :superlloro:
bueno pon conti pronto.....

sayonara :sisi:
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^-*la razon puede advertirnos lo ke conviene evitar...solo el corazon dice lo ke es preciso hacer!!!^-*

Leean mi nuevo fic: *Lagrimas de sangre a la hora de tu partida*

#8 Sara-chan

Sara-chan
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Escrito 20 June 2009 - 07:30 PM

Hola!!

Me encantó el capi!! :miniojis:

Ranma poco a poco ya esta volviendo a ser el mismo de siempre, espero que recupere pronto la memoria.

Espero pronto la conty con mucha ansias :otra:

Cuidate y miles de besos

Un abrazo de :quetecomo:

Sara^^

Hasta pronto!!
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Inuyasha&Kagome forever

#9 lizeth

lizeth
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Escrito 28 June 2009 - 04:24 AM

Todos los personajes que aparecen en esta historia son propiedad de Rumiko Takahashi, y los utilizo sin ninguna intención de lucro.

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El ladrón de corazones

Esa chica que me gusta

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No puedo negar que estar siendo besado por una de las muchachas más bonitas que había visto en mi vida era algo que ocasionaría la envidia de todos los hombres que me vieran. Además, tenía el punto extra de saber que era mi prometida. ¿Entonces por qué no podía sentir algún sentimiento de amor por Shampoo?

Se esmeraba en unir con delicadeza sus labios con los míos, mientras yo entraba en pánico porque no lograba recordar nada de ella. Esperaba que con un estímulo de su parte la memoria me iluminara un poco, pero lo único que estaba logrando era que la cabeza me sudara en frío porque no surtía el efecto deseado.

Cerré los ojos, mareado, dejándome arrastrar por el momento mientras me transportaba a un lugar desconocido, en donde no distinguía nada, más que un singular olor embriagando mis sentidos, un aroma fresco, muy similar al de la menta… que llegaba a cada parte de mi ser y lo obligaba a hacer cosas extrañas, como brincar de un lado a otro sin parar, presa del éxtasis de la droga, y sin poder hacer nada al respecto.

En un momento dado, la imagen se aclaraba y me vi sentado sobre los cálidos muslos de una chica, no alcanzaba a verle el rostro, pero sólo con su cercanía me llenaba de paz, de una inmensa tranquilidad, y mi nombre, dicho por ella entre susurros con esa voz suave, penetrante; hacía un cántico para mi corazón.

Sin pensarlo dos veces, levanté mi rostro para acercarme a ella, en un parpadeo fijé mis ojos en el chocolate de los suyos, en los mechones de cabellos azulados cubriendo parte de su rostro y rocé mis labios con los de esa chica… ¿Akane?, sí, sin duda alguna era ella. Luego, volví a recargar mi cabeza en su regazo, y ya no supe más.

Y de nuevo, otra vez a la realidad, en donde estaba siendo besado por esa joven.

—Ho-hola, ¿Shampoo?— Dije, tratando de tomar compostura y separándome de ella con sumo cuidado— Esto… ¿quieres pasar?—. Tartamudeé. Por su recibimiento, lo más seguro era que no le informaron nada y la pobre estuviera haciéndose falsas ilusiones con mi "regreso"

—Por supuesto que sí—. Afirmó sonriente, se pescó de mi brazo y ambos entramos a la casa.

El resto de la familia había salido a llamadas emergentes, visitas a amigos y otros tantos pretextos para dejarme solo con la visita, por ello, la propiedad estaba en penumbras, dejando únicamente prendidas las luces de la puerta que daba al patio. Lugar donde tomamos asiento.

Fue cosa de poco, muy poco tiempo, antes de darme cuenta de lo acaramelados que resultábamos ser si en verdad éramos una pareja. Yo me senté sobre la duela y ella no dudó un segundo en hacerlo sobre mis piernas.

—¿Te han contado todo lo que ocurrió conmigo?—. Comencé con mis preguntas sin perder tiempo.

—Claro que sí. Yo estar apoyando a tus padres cuando tu estar dormido. No pude verte despertar porque abuela llamar de China y tener que ir con ella.

—Gra-gracias—. Respondí con nerviosismo. Sin saber si la razón era por las pinceladas de información o la extrema cercanía de ella que me perturbaba un poco.

El resto de las preguntas eran similares a las que había sometido a los demás miembros de la casa, e indiscutiblemente todos estaban a favor de negarme todos los datos que yo quería. En cambio, dedicó el último par de horas en contarme toda la historia de nuestro amor. Desde que viaje con mi padre a China y la conocí, hasta que terminamos aquí, con un fatal accidente truncando una esperada fecha de boda... una celebración que seguía en pie.

—Ranma, yo querer ayudarte, desear que volver a ser como antes—. Era tan bonita y llena de buenas intenciones que sentía cierta incomodidad de rechazarla, que es lo que me obligó a no oponer resistencia a una segunda unión con ella.

Claro que lo permití hasta que se giró para quedar de frente a mí y sus manos empezaron a querer perderse entre los pliegues de mi camisa. Con total ternura la cogí de la mano y me quedé sosteniéndola. No me importaba mucho si iba a casarme con Shampoo, en mi situación actual no la recordaba, me sentía invadido y ese desconocimiento me daba pauta para negarme a pasar a un nivel íntimo tan pronto.

—¿Qué pasar?—. Preguntó con extrañeza, clavando sus ojos en los míos.

—Yo…esto…realmente aún no me siento del todo bien…lo siento—. Dije mi mentira piadosa, deseando que la creyera.

—No importar, aireen, yo saber esperar a que te recuperes.

Le sonreí con sinceridad como un gesto amable a sus palabras. Ella se quitó de encima y tomó asiento a un lado, recargando su cabeza en mi hombro.

Al poco tiempo, Nabiki, sus hermanas y mis padres volvieron, de acuerdo con mi imaginación, el ambiente se volvió un poco tenso.

A excepción de Akane y Kasumi, el resto de la familia nos saludaron y entraron a la vivienda.

—Shampoo, como prometida de Ranma, esta es tu casa y eres bienvenida a cenar con nosotros—. Ofreció kasumi con la amabilidad que le caracterizaba.

—Agradecerlo mucho, pero tener que marcharme a resolver algunos asuntos pendientes—. La amazona se levantó de mi lado para hacer una reverencia a la hermana mayor, y a su vez, volteó hacía mí —Aireen, tengo que irme, pero prometerte que volver cuanto antes—. Yo también me puse de pie para recibir un beso en la mejilla y un titánico abrazo de despedida.

Antes de dar media vuelta e irse le echó una mirada fugaz a Akane, quien había estado con una mirada inexpresiva, observando todo en silencio. Al ver el gesto de la amazona, la siguió y ambas salieron de la casa. Sin perder tiempo, me posicioné atrás de la pared principal.

—…Sólo desear que no entrometerte más—. Aunque no podía verlas, notaba un tono de hostilidad en la voz de Shampoo.

—Descuida, te prometo por la vida de mi bebé que no lo haré—. Escuché responder a Akane. Con una voz más apagada, incluso sonaba triste.

—Tu hijo…—La oí crisparse con coraje—. Qué vueltas dar la vida, ¿no? Ustedes pensar de mí como si ser una basura...y terminar siendo una zorra peor que yo. Sólo esperar que tengas un poco de vergüenza y te alejes de nosotros.

De parte de Akane ya no hubo contestación, mientras que yo salí de mi escondite para encarar a Shampoo, no tenía idea de qué estaban hablando, pero no tenía derecho de hablarle así a los demás, sobre todo a Akane en su especial estado. Desafortunadamente, mi prometida ya se había marchado. En el lugar, sólo estaba la joven peliazul, con una mirada cristalizada que perdía entre las calles.

—Akane, ¿te encuentras bien?— Ella volteó a verme y dejó que sus ojos empañados contestaran. Mi corazón se estrujó por verla así, con un sentimiento de impotencia, con deseos de estrecharla entre mis brazos para consolarla y ser quien la hiciera dejar de llorar—. N-no le hagas caso a Shampoo, no tendría por qué haberte ofendido de esa forma.

Intenté acercarme a Akane, pero esta retrocedió y limpio sus lágrimas.

—No tiene importancia…sólo déjame en paz—. Susurró y volvió al dojo.

— — —

-

Esa noche caí rendido en el futón de mi habitación, tanto por la intensa actividad física, como por el estrés mental en el que estaba hundido. Me rebatía pensando en el ánimo apagado de Akane y las hirientes palabras de Shampoo. ¿Por qué me interesaba más alegrar y quitarle las preocupaciones a Akane, en lugar de buscar las bases para retomar mi relación con Shampoo?

— — —

-

La mañana llegó y de nuevo estaba el incesante barullo de toda la familia. Pero hoy estaba demasiado alegre para enojarme por ver mi sueño interrumpido. Hoy era especial.

—¡Arriba, muchacho! Hoy es un gran día—. Mi padre también lo sabía y no dudó ni un segundo en casi tumbar la puerta para despertarme. Yo hice mi mayor intento por dormir un poco más, pero el abusivo del viejo me tomó del pie sano y me jaló fuera del futón y del cobijo de las sábanas.

—¡Oye! ¡No tienes que hacer eso!—. Me senté bastante exaltado.

El hombre me soltó, sin perder el ánimo socarrón con el que había llegado.

—Tu madre me ha mandado a que te despertara. Dijo que hoy te quitan la escayola del pie.

—.Sonrió amable, antes de torcerla a un gesto sarcástico —Espero que ahora si te pongas a entrenar y recuperes todo el tiempo perdido. Empiezas a verte más gordo que yo— Soltando una carcajada que me hizo enfurecer.

—¡Ya cállate! ¡No he estado así por gusto!— Grité mientras le arrojaba un balde de agua helada y salía de la habitación para darme una ducha.

— — —

-

Me introduje al baño indignado y me desvestí de igual forma, aventando las prendas como si tuviera odio contra ellas. Probé la temperatura del agua de la tina y me hundí, dejando la pierna con el yeso fuera… esperando que el líquido tibio hiciera un milagro y me relajara. Como decía hace unos minutos, antes de la llegada infortunada de mi padre, hoy debía ser un excelente día para mí, y lo iba a ser.

Cerré los ojos concentrado y de nuevo me dejé llevar por las vivencias del día anterior. En especial, en esa memoria en la que me encontraba en el estado del Neko Ken, si resultaba ser cierto, sería lo primero que lograba recordar con claridad. Siempre que tuviera el valor suficiente de preguntarle a Akane si había sucedido o no.

Un tiempo después, me dispuse a salir de allí, antes de arrugarme más y que en la mesa no quedara ni un plato de comida para mí. Una misión algo dificultosa, considerando que tenía que levantarme sólo con las manos y uno de los pies, en una posición extraña que me dejó semi-sentado en el borde de la tina y cada uno de los brazos sosteniéndose en los bordes contrarios de la bañera.

De pronto escuché el ruido de la puerta corrediza abrirse y de inmediato volteé a ver de quién se trataba.

—¿Ak…—. Frente a mi estaba Akane, tan sorprendida como yo. Me había metido tan furioso y de prisa que no me aseguré de echarle cerrojo a la puerta. Y ahora la tenía haciéndola consciente de los malabares y posiciones raras que debía hacer para salir del agua.

Sin embargo, la vergüenza no lograba que dejara de apreciar lo hermosa que era en toda su desnudes. Con el cabello revuelto, supongo que por quitarse la ropa, las mejillas sonrojadas como el resto de su cara y la piel blanca de su cuerpo, perfectamente formado y en el que hasta su pequeña pancita sobresalía con una elegancia envidiable para cualquier chica…misma que me devolvió a mi lugar y me contuvo de no bajar más la mirada. La pena regresó a mi y desvié la vista a un lado, mientras ella tomaba una toalla del perchero.

—Y-yo…pe-perdón…creí…creí que no había nadie…aquí—. Tartamudeó mientras se dirigía al lugar por donde había entrado.

—No-no tienes que disculparte— De forma sorprendente me puse de pie y traté de seguirla para decirle que yo ya había terminado de usar el baño —Ya iba a sa…—. Pero no pude terminar la frase porque sostuve mi peso en el suelo con el maldito pie enyesado, haciendo que me fuera de bruces contra los fríos azulejos del baño.

— — —

-

Debí imaginar que el desayuno sería un reto de mejillas sonrojadas y miradas escondidas del otro. Eso sin dejar de lado al resto de la familia jugando a adivinar que había pasado entre nosotros para estar con ese recelo.

—Ya dinos, hermanita, ¿qué fue lo que pasó en el baño? Escuchamos un ruido muy extraño. Además, ¿Por qué no te duchaste? —. Soltó Nabiki con atrevimiento.

—No pasó nada, hermana…hemm…bueno...me dio un antojo de no bañarme, eso es todo—. Respondió con nerviosismo.

—¿Segura?—. Cuestionó de nuevo la joven dedicada a los negocios.

—Nabiki, ya déjala en paz— Escuché a mi madre intentando ayudar a Akane —Recuerda que si no cumple lo que el bebé le pida, nacerá con el rostro del antojo o de lo que impidió que lo cumpliera…No querrás que nazca con cara de bañera, ¿o sí?

—N-no, supongo—. Tartamudeó y el resto de la familia rió con la ocurrencia.

—Por cierto Ranma… —dejé el plato con comida que devoraba para ponerle atención a mi madre —hoy le toca a Akane ir con el doctor Tofú para ver cómo marcha su embarazo, ¿podrías dejar que te acompañe, aprovechando que tú también vas a ir para allá?— Me preguntó con amabilidad y el nerviosismo llegó de nuevo.

—Tía, no tiene que pedir eso. No necesito que nadie vaya conmigo—. Akane respondió al instante a la solicitud de mi mamá.

—Vamos, hija, yo tengo un compromiso y no puedo ir contigo, pero no quiero que vayas sola —y de nuevo volteó conmigo—. ¿Qué dices, hijo?

—S-sí, si a ella no le molesta, no veo por qué no— Respondí, mirando de reojo a Akane.

—Sí, es preferible que no vayas sola en tu condición —Kasumi le recomendó a su hermana con una sonrisa brillante en el rostro—. Por cierto, ¿podrías decirle a Tofú que hoy cenaremos omelet?

— — —

-

El camino al consultorio fue igual de nutrido que nuestra conversación en el comedor. Seguía sin hablarme y evitaba mirarme a toda costa. De seguro seguía molesta por lo de esta mañana y no podía culparla, había tardado valiosos segundos en quitarle la vista de encima.

Igual era agradable ir caminando a su lado y ver cómo aminoraba su paso para ir junto a la lentitud de mi recorrido con la muleta.

—Si-siento lo de esta mañana—. Dije casi en un susurro, esperando que su actitud cambiara un poco.

—No te preocupes— Fijó sus ojos brillantes en mí —A cualquiera se le puede olvidar ponerle seguro a la puerta. De todas formas, debí preguntar antes de entrar—. Prosiguió sonrojada.

—También fue descuido mío, tra-trataré de no olvidar ponerle seguro la próxima vez—. Le dije con la voz más calmada que encontré y ambos terminamos por reír con lo sucedido.

Ambos continuamos nuestro rumbo, hasta que nos encontramos con un pequeño parque y me dirigí hacia allá, con ella yendo tras de mí.

-¿Sucede algo malo?—. Cuestionó con preocupación. Yo negué con la cabeza y le ofrecí que tomara asiento en el columpio que estaba al lado del que yo estaba.

—Sabes, quería preguntarte algo en la casa, pero con tanto alboroto no tuve oportunidad de hacerlo antes.

—Dime—. Me sonrió, dispuesta a escuchar.

—Yo…verás…ayer me vino un recuerdo en el que estaba en las piernas de una chica y…

—¡Oye! ¡¿Yo por que tengo que enterarme de lo que hagas con tu prometida?!—. Me gritó con un carmín intenso en sus mejillas.

—Espera, espera, no es lo que parece— espabilé con las manos, tratando de no dejarme consumir con mi propio humo saliendo de las orejas.

—Está bien, continúa.

—Bueno, lo que recuerdo es estar en ese trance del gato dominando mi cuerpo, brincando de un lado a otro…luego salté sobre una chica, y la besé —Observé su reacción con escrutinio y miré cómo sus ojos empezaron a tintinear de emoción o nerviosismo—… Y esa chica eras tú.

Ella se levantó azorada, mientras yo me quedé sentado esperando una respuesta. Aunque a juzgar por lo visto, había resultado verdadero. Una suma emoción comenzó a invadirme por dentro al saber que en algún momento la había besado. Quizás habíamos sido más que amigos.

—¿Akane…?

—Es verdad, nosotros…estuvimos comprometidos un tiempo— Me miró apenada—. Duramos muy poco, tú te enamoraste de Shampoo y yo… yo me enamoré y me casé con el papá de mi hijo.

Me removí orgulloso en mi lugar, a fin de cuentas estaba en lo cierto, No era tan lejana a mi como pensé. Sin embargo, ahora no podía hacer mucho por ella.

—Es agradable saber que estoy llenando mis vacíos…yo, espero no incomodarte al remover recuerdos pasados en ti—. Le miré con timidez.

—No hay problema, m-me da gusto que vuelvas a ser el mismo de antes— Me esbozó una sonrisa que tenía días sin apreciarle en el rostro—. Es más, en su momento me enojé bastante contigo porque estando en ese trance no recordabas lo que hacías.

—Entonces tiene un mayor mérito haberlo recordado—. Le sonreí con alegría.

Un rato después proseguimos a nuestro destino y después de esperar a que consultaran un par de personas, fue nuestro turno de pasar con el doctor Tofú.

Él, como siempre, se portó de una forma atenta con nosotros. El primero en ponerse bajo sus manos fui yo. Hizo unos cortes a los lados del yeso y lo retiró con cuidado. Dicho de paso, le mostré unas tomografías que me había hecho días anteriores, sólo que al ver su cara, no me dio un buen presentimiento.

Así se lo hice saber y me llené de consternación al enterarme de que la inflamación de mi cerebro ya estaba totalmente sanada…y yo me derrumbé, pensando en que si ya estaba curado, todo debería de haber vuelto a como estaba antes, y no, seguía casi igual que el primer día que había llegado al Dojo.

El doctor me dijo que ya todo dependía de la capacidad mi cerebro para recrear los recuerdos nuevamente. Por parte de la medicina ya no había nada qué hacer.

Con ese pensamiento me retiré de la camilla y dejé que Akane tomara su lugar en la consulta.

—Hoy es el primer ultrasonido, ¿verdad?—. El doctor Tofú acercó los aparatos del ultrasonido, los encendió y tomó asiento a un lado de Akane, mientras ella subía los pliegues de su camisa y desnudaba su estómago.

—S-sí, doctor—. El terror que mostraba en su rostro me hacía querer ponerme a un lado de ella, pero ese no era mi lugar, desafortunadamente no lo era.

—Ranma, ¿puedes acercarme el gel que está en esa mesilla? Lo olvidé—. Salí de mis ensoñaciones para atender el pedido del médico. Fue genial el hecho de sentir el adormecimiento de mi recuperado pie al ir a dejarle el frasco con la medicina sin el estorbo de las muletas.

Echó un poco de gel en el estómago de su paciente y pasó un aparato especial sobre este.

—¡Oh, no!—. Instintivamente, Akane me tomó la mano mientras se intentaba levantar asustada de la cama.

—¡¿Qué?! ¡¿Le pasa algo malo a mi bebé?!

—No, descuida, el feto está desarrollándose perfectamente. Es sólo que con las prisas olvidé comprar unas cosas que me pidió tu hermana—. Respondió sonrojado. Mientras yo le echaba ojos asesinos como pocas veces, por asustar de esa forma a Akane.

El procedimiento continuó y al parecer todo estaba bien con el niño, era fantástico poder ver en la pantalla a una criatura que apenas se estaba formando dentro de la pancita de su madre. Por eso no podía juzgar las lágrimas de emoción que ella derramaba sin disimulo, y que por unos breves instantes, estuvieron a punto de contagiarme.

—¿Ya viste, Akane? Está completamente formadito. Será un niño muy sano—. Reafirmó el doctor para la felicidad de la futura mamá. Yo me sentía feliz sólo por el hecho de que ella buscara apoyo, sosteniendo su mano, sudada por el nervio con la mía.

—Veo que se llevan muy bien—. Dedujo con simpatía el doctor.

—Sí, somos buenos amigos—. Respondió con Akane con el mismo entusiasmo que el médico.

Bien, ya terminamos, aún no logro ver si será un varón o una niña; tendremos que esperar a la próxima consulta.

—¿Quieres intentarlo?— volteando asombrado a mirarla a los ojos. Creo que logré conmoverla con la cara de bobo que seguramente tenía por la emoción que había logrado transmitirme ella.

—Sí no te molesta…

Akane me sonrió y cogí el aparato que el doctor me ofreció. Posando el aparato con sumo cuidado sobre Akane. Observando en la pantalla como se formaba la imagen del pequeño gracias a los movimientos que hacía sobre el estómago de ella.

Sin duda, eso era una maravilla, el aparato que podía permitir tal hazaña y el pequeñín de enorme cachetes que estaba ahí dentro. De seguro era mi imaginación, pero casi podía apostar que tenía un enorme parecido con Akane.

Completamente maravillado devolví la máquina y me retiré para que Akane pudiera levantarse. En un descuido, me recargué en el buró en el que Tofú había puesto el expediente de ella y recorrí los papeles con la vista.

…Tendo, Akane…diecisiete semanas de embarazo…

Continuará

-

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Notas

Según leí por ahí, el catnip, la hierba del gato que usan para "apaciguar" un poco a Ranma en su trance, huele a menta y realmente hace reaccionar a los gatos como si estuvieran "alucinados" n_n

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Wow, primera vez que termino una continuación tan rápido XD…debe ser porque tengo que entregar un trabajo para el martes.

En fin, aquí vengo con un nuevo capítulo de esta historia n_n cómo verán, ya van resolviéndose algunas cositas, aunque aún queden bastantes por aclarar.

Les agradezco su tiempo y paciencia para seguir leyendo n_n

Kyoko, gracias por leer y bueno, lo del 85% es sólo una mínima posibilidad, no pasa nada, el final aún no está escrito n_n

Sara, gracias por seguir la historia n_n, tienes mucha razón, Ranma de a poco ya vuelve a ser el mismo de antes. Aunque lo haya hundido un poco con el diagnóstico XD

Bueno, me despido y nos vemos pronto.

Este tema ha sido editado por lizeth: 28 June 2009 - 07:27 PM

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#10 Kyoko-Sempai

Kyoko-Sempai
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Escrito 28 June 2009 - 05:03 AM

ffiiiiiuuuu!!!
eso de la minima posibilidad me trankilizo :xussin:
esta genial el capi me gusto la parte de la bañera XD
ojala ke la intencion de todos los miembros de la familia
incluyendo a akane para no decirle nada a ranma sea la ke yo
pienso
bueno espero conti pronto

sayonara :sisi:
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^-*la razon puede advertirnos lo ke conviene evitar...solo el corazon dice lo ke es preciso hacer!!!^-*

Leean mi nuevo fic: *Lagrimas de sangre a la hora de tu partida*

#11 Sara-chan

Sara-chan
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Escrito 28 June 2009 - 06:23 PM

Por fin llegó!! :miniojis:

Hola wuapa!! :xussin:

Me encanto el capitulo, sobre todo en la parte de la bañera, parecia el primer capitulo de la serie,y ya Ranma ha recordado algo cuando él se transformo en gato y beso a Akane, espero que recuerde todo^^

Espero pronto la conty que esta muy emocionante, :otra: pero también llena de mucho misterio.

Cuidate y miles de besos

Un abrazo de :quetecomo:

Sara^^
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#12 bekita-chan

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Escrito 28 June 2009 - 09:54 PM

lamento no haberme pasado antes pero... ,me creerias si te digo.. que habia olvidado el nombre del fic

................................................................................
.........................................

:uiss: :uiss: :uiss: :uiss: a decir verda eso ni yo misma me creo esa excusa jajaja :uiss: :uiss: :uiss: :uiss:

genial... ahora me dejaste mas intrigada que al principio...

espero leer la conti pronto

espero que ese hijo sea de Ranma

el recobrara la memoria....

si no es asi... pues sera una gran sorpresa...

jejeje sale te cuidas y bye :je: :je: :je: :je: :je:
el amor nunca fue tan doloroso... eres mi vida y me matas
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#13 sofii_chan94

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Escrito 29 June 2009 - 02:02 AM

hola!! bueno, me leí todo el fic, y tengo que decirte que me encantó, y me dejaste muy intrigada... espero que lo continues pronto!! :D
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#14 dannyRanma14

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Escrito 13 July 2009 - 05:54 AM

Hola Liz!

Paso como lo prometí a comentar tu fic, la verdad que me ha dado algo de lástima con Ranma ya que no ha podido recordar muchas cosas, pero poco a poco lo está haciendo, en serio se debe sentir una frustración tremenda al no poder recordar nada.

A mí personalmente me encanta ver a Ranma en neko-ken es totalmente un encanto así que me pareció súper tierno y relevante que recordara ese estado y ese beso. Sobre el bebé de Akane, pués no sé eso de que después de 2 semana y el padre no ha aparecido, me parece extraño, y no sé, pero creo que ya le puse final a la historia xD.

¿Shampoo su prometida?, a lo mejor deben estar vengandose de él por no recordar nada xD. Y apesar que Shampoo lo besó, lo bueno fue que él recordó aquel momento.

Me ha gustado mucho la historia, sólo espero que Ranma se recuepere pronto ya que no me lo imagino gordito XD (sólo bromeaba) espero la continuación y nos estaremos viendo entonces.

Besos
Danny!
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Mi más reciente historia: Te Puedo Escuchar [Ranma//paranormal]

#15 lizeth

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Escrito 16 July 2009 - 09:13 AM

Todos los personajes que aparecen en esta historia son propiedad de Rumiko Takahashi, y los utilizo sin ninguna intención de lucro.

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El ladrón de corazones


Dulces sueños



¡Ranma! Escucha, ¡ya basta! ¡Estás llevando las cosas demasiado lejos!

—¡¿Demasiado lejos?! —caminé furioso, con un sentimiento de rabia infinita consumiéndome las entrañas. Atravesé la habitación a zancadas mientras sacaba ropa del armario y la echaba en una mochila de viaje—. ¡Ya no lo soporto, Akane!

—¡Te estás comportando como un completo idiota!—. Me gritó con el ceño fruncido y sus ojos color chocolate a punto de soltar el llanto.

En vano trató de cogerme del brazo porque en un movimiento rápido y brusco me zafé de su agarre.

—Y lo voy a seguir siendo si me quedo aquí —Exclamé con molestia. De entre las ropas que no alcancé a meter en la bolsa, saqué una pequeña caja de regalo semi forrada de papel. Terminé de destrozar el envoltorio frente a ella y de un tirón saqué el contenido para que lo viera.

—¡¿Qu-qué es esto?!—. Su mirada cambió a una perpleja cuando observó el íntimo contenido del paquete.

Le aventé el obsequio que había encontrado en la entrada de la casa con una nota y me dirigí hacía allá con la mochila.

—¡Avísame cuando tu concepto de "sólo somos amigos" cambie, ya sabes donde voy a estar!—. Sin más, salí del cuarto y cerré la puerta con brusquedad.

— — —

-

Al mismo tiempo que escuchaba el portazo en mis sueños, me desperté a media noche, con el corazón terriblemente agitado y transpirando en frío; con una sensación de odio y unas inmensas ganas de matar a alguien. Para mi desventura o mi fortuna, mi padre ya no dormía en el mismo lugar que yo.

Decidí por salir al patio, seguía sudando frío, las manos me temblaban de la adrenalina que sentía y no iba a conseguir nada quedándome acostado en el futón.

Allí, el fresco viento del invierno hizo menguar los deseos asesinos y los cambió por maldiciones al no haberme puesto una chamarra que me protegiera aparte del pantalón y la camisa sin mangas.

Empecé por tirar golpes al aire mientras mi mente viajaba por las últimas tres semanas. Aún recordaba con emoción cada instante que pasé cerca de Akane, la sensación indescriptible de poder tocar la pequeña vida que llevaba dentro, y el odio taladrante de saber que era producto de un patán que no se dignaba a estar junto a su esposa cuando más lo necesitaba.

Por otro lado, también estaban esos sueños, en donde parecía que al avanzar en ellos estaba más unido a Akane, y a la vez, en cada uno de estos, me distanciaba más de ella: por discusiones, escenas de celos…celos que sólo eran comparados a cuando me enteré en el hospital que ella estaba casada, celos cuando supe que había sido mía y la había dejado ir como un idiota, celos cuando en las primeras semanas de conocerla creí que era el esposo de ella… celos cuando una tonta y alucinante idea de creer que podía ser el padre del hijo de ella se fue por los suelos al leer su historial médico.

Esto estaba comenzando a volvérseme un suplicio. Sentía que a cada paso mi corazón empezaba a fijarse más en ella y como un iluso, el cerebro me vislumbraba cada pizca de atención de su parte como interés en mí.

Aparte de todo estaba Shampoo, insistiendo en esa boba ceremonia en las que la únicas entusiasmadas eran ella y su abuela. Me parecía una buena joven, muy bonita y cocinaba delicioso, pero con cada visita que me hacía, podía comprobar que no la quería del modo que ella deseaba.



Un día de estos tendría que armarme de valor y le ofrecería una amistad incondicional tras un matrimonio que no se llevaría a cabo.

Harto de todo y presa del coraje, comencé a golpear el muñeco de entrenamiento hasta que este quedó hecho pedazos.

— — —

-

Luego de un par de horas, ya más relajado, volví a mi habitación, sólo para ser sacado de nuevo unos instantes después. A raíz de que me habían quitado la escayola, mi servicial padre no había dejado de presionarme para que comenzara a practicar de nuevo y regresara a dar clases lo más pronto posible.

—¡Arriba hijo! Hay que comenzar antes de que Kasumi sirva el desayuno—. Dicho esto me tomó de la camiseta y me arrojó por la ventana abierta del cuarto que daba al patio.

—¡Eres un tarado! ¡No ocupas aventarme de esa forma!—. Aterricé de pie justo en las piedras del estanque. Él salió por la ventana abierta con una tranquilidad inmutable.

—¡Hijo, me decepcionas! Yo en tu lugar ni siquiera dormiría por entrenar y volver a ser el mismo de antes lo más rápido que pudiera. A estas alturas no podrás ganarle ni a los niños de la escuela… ¡Anda! En guardia.

Eso me hizo llenarme de coraje. Y ver que en cierta parte tenía razón, ya había descansado demasiado, tenía que seguir con mi rutina. Aunque eso no le daba motivo de sacarme de esa forma de mi cuarto, ni a despertarme con cubetazas de agua fría, ni a comerse mi desayuno: "para rebajar los kilos extra que subí"… Una vena se formó en la frente y me puse en actitud de combate.

—Muy bien papá —Sonreí con arrogancia y me lancé contra él—. ¡¡Me las vas a pagar muy caro!!

— — —

-

Un rato después, llegué a la mesa cuando ya toda la familia estaba sentada y se disponían a comenzar el desayuno.

—Ranma, qué bueno que llegaste. Iba a mandar a alguien para que te despertara—. Mi madre me ofreció un tazón con arroz y otro plato vacío para que cogiera algo de los diferentes platillos que había en la mesa.

—Me levanté temprano, tenía muchas ganas de entrenar—. Le contesté con felicidad, mientras recordaba con orgullo los sonoros gritos de un gigantesco panda colgado en las ramas más altas de los árboles de la casa. Todo estaba yendo de maravilla.

El desayuno transcurrió con tranquilidad entre la plática de la futura boda de Kasumi con el Doctor Tofú, los malestares mañaneros de Akane por su embarazo y el gracioso sonrojo al poner a toda la familia de cabeza, además, por supuesto que no podía faltar la celebración de mi unión matrimonial. En mi interior me propuse estudiar meticulosamente cuándo decir que de momento quería cancelar eso.

De entre toda la conversación, me fascinaba enterarme sobre todos aquellos cambios que aquella chica estaba sufriendo, por más mínimos que fueran. Me había carcajeado infinidad de veces de ella por los dichosos antojos de los que era presa, pero aún así, veía la forma de cumplírselos. Empezaba a creer que detrás de ese carácter dócil y alegre que mostraba frente a todos, también estaba el de la mujer aguerrida, valiente y temperamental que surgía cuando algo no le parecía bien…sobre todo cuando le comenté que me parecía que estaba subiendo de peso y, de la nada, sacó un enorme mazo que no dudó en utilizar. Claro que después me pidió mil disculpas, pero me hizo saber que debía irme con más cuidado en las palabras que utilizaba cuando le hablaba a una mujer embarazada; porque estaba seguro que el cambiar olímpicamente de un estado de humor a otro era un temperamento, que sólo ellas, en ese estado podían adoptar.

—¿Ranma?—. Escuché a alguien hablarme a la distancia.

—¿Qu-qué? ¿Qué pasó?—. Salí de mi auto aturdimiento y mi monólogo mental para ver quién era.

—Oye, ¿podrías pasarme la miel?. Se me ha antojado ponerle un poco a los hot cakes—. El resto de la familia volteó a verme extraño por mi actitud, y yo obedecí el pedido, pasándole el frasco de forma casi mecánica.

—¿Quieres ponerle a los tuyos, Akane?—. Nabiki se dirigió a su hermana, acercándole el pote del dulce.

—En realidad no me agrada mucho la miel—. Sonrió con pena por rechazar el ofrecimiento.

— — —

-

—¿Miel? Pensé que no te gustaba demasiado que digamos—. Le sonreí con extrañeza al verla entrar a la recámara y subir a la cama con el frasco de melaza y una mirada traviesa.

—No importa —me susurró al oído— hoy quiero hacer una excepción. La sentí avanzar hacia donde yo estaba. Subiendo a través de mi cuerpo con un movimiento felino, hasta quedar sentada encima de mi.

—Ah…y hemm…¿qué planeas hacer?—. Le susurré enronquecido, mientras le tomaba con suavidad del cuello y la atraía hacía mis labios para plantarle un tierno beso.

—No lo sé —sonrió con goce, mientras con una mano destapaba el tapón de la botella—. Pero podrías darme alguna idea luego.

Con total sensualidad se separó un poco de mí. Vertiendo con cuidado un par de gotas de miel en la yema de sus dedos y con delicadeza, impregnar mis labios con el dulce líquido. Sin perder tiempo, acortó la distancia de sus labios con los míos y ambos pudimos saborear el delicioso sabor de la melaza, acompañado de la aún más exquisita esencia de ambos.

—Contigo todo sabe mejor—. suspiró cerca de mi cuello, logrando que se me erizaran todos los bellos del cuerpo con la calidez de su aliento.

—Aún no hemos empezado—. Le respondí mientras seguía con mi cabeza oculta en su cuello, sofocando las placenteras exclamaciones que esta chica me provocaba, y que de otra forma, hubieran retumbado por todo el cuarto.

Con total cuidado, me posicioné sobre ella y la recorrí con deseo de la cabeza hasta la cintura, sin ningún tipo de miramientos. Era imposible creer que un ser tan hermoso pudiera lograr serlo aún más con el paso del tiempo. Y eso era lo que le pasaba a ella. La madurez le sentaba cada vez mejor a la personalidad valerosa y aguerrida que estaba tomando, esa a la que le gustaban los retos y sentirse amada sin miedo al qué pensará el resto.

En ese cuerpo que me hacía abofetearme cada vez que lo veía desnudo, porque me recordaba la incontable cantidad de veces que me burlé de ella diciéndole lo flaca y desgarbada que era, cuando la verdad era que tenía los ojos más bellos que había visto en mi vida, ese color tan peculiar de cabello que me hacía sentirme libre, como cada vez que subía al techo para admirar la espesura de las noches estrelladas, ahora a disposición en el azul profundo de su cabellera, la tersura de su piel blanca que me provocaba el impulso loco de abrazarla y protegerla de las inclemencias del clima, sus pechos no exageradamente grandes, pero que eran capaces de convertirse en un par de fieros volcanes encendidos en mis manos, haciéndolos un verdadero espectáculo para el tacto y para mi vista. Y esa era la mujer de la que estaba perdidamente enamorado.

La miré a los ojos, y sólo con ver sus ojos castaños, brillando de felicidad y clavados con fogosidad en los míos, obtuve la respuesta.

Hice el mismo procedimiento que ella y directamente del frasco dejé caer sobre sus carnosos labios unas gotas del espeso líquido y me acerqué a ellos para devorarlos con lujuria. Conjuntamente, dejé el recipiente a un lado y perdí una de mis manos bajo su espalda, apretando con un deseo indescriptible cada una de las zonas que su blusa blanca no cubría.

Luego, el sabor de sus labios y el toque de su espalda se me hicieron insuficientes, ¡quería más! Con cuidado me separé de ella y esta se levantó de la cama para quedar semisentada, le miré de nuevo, y sin palabras, entendió perfectamente lo que deseaba. Estiró un poco los brazos y yo la rodeé con los míos. Traviesos y deseosos, tantearon el borde de su blusa y con un movimiento lento me deshice de ella. De nuevo la uní a mí en un abrazo, mientras mis manos buscaban los broches de seguridad del sostén y los abrieron.

—Te he dicho ya que son hermosos—. Le susurré para tranquilizarla, al verla sonrojarse como una manzana al verse descubierta del torso.

Aproveché para quitarme mi camisa China y hacer que Akane se recostara de nuevo. Lentamente su nerviosismo fue opacado por un aire de confianza y me deleité recorriendo a besos sus labios, la tersura de su cuello, hasta llegar a la altura de sus pechos erguidos.

—¿Quie-quieres que lo intente?— Le cuestioné, sabiendo de antemano su respuesta. Ella asintió con la cabeza y yo feliz tomé el frasco de la miel.

Con una mezcla de placer y delicadeza, jugué a probar el sabor de sus senos endurecidos por la excitación. Una delicia que me embriagaba hasta lo más profundo y de la cual nunca deseaba salir.

Enfilé la botella del líquido y con la gracia de un artista pintando el más bello y valorado de sus cuadros, tracé en los pechos de mi amante unas delicadas líneas doradas, coronando el centro de cada uno con una delicada capa del mismo.

Sin perder tiempo, me aboqué en la tarea de recorrer con el tacto de mi lengua tibia los trazos que había hecho antes con la miel, sintiéndola estremecerse y arquearse debajo de mi ante cada centímetro recorrido, hundir las uñas en mi espalda y suspirar gustosa ante cada exhalación hecha sobre las zonas de piel ahora humedecidas, así como lanzar mi nombre por los aires con un timbre de bestialidad cuando probé a introducir sus aureolas rosadas en mi boca.

—¿Sa-sabes? —subí mi cabeza a la altura de la suya—. Tu piel desnuda sigue teniendo mejor sabor.

Ella me sonrió con una alegría radiante y nos perdimos en una ola de besos y caricias que nos quemaban por dentro y nos hacían sentir que el resto de la habitación ardía junto con nosotros.

—Ranma… ¿Ranma?

— — —

-

—¿Eh?—. Suspiré totalmente embobado por el alucine que acaba de tener, dejando caer en la mesa el tenedor que llevaba horas en mi boca y unas cuantas migajas de la comida.

—Hijo, Akane te preguntó si querías miel para tus hot cakes.

—¿Qué?...n-no…yo…yo siempre he creído que sabe…saben mejor al natural—. Balbuceé sin saber absolutamente nada de lo que estaba diciendo.

—Tía Nodoka, ¿está segura de que eso que está ahí sentado es cien por ciento su hijo?—. A lo lejos escuché a Nabiki burlándose de mí.

—Hija, qué cosas dices.

—Sí hermana, no seas maleducada. Recuerda que son nuestros invitados—Escuché a Kasumi tratando de poner en control a su hermana, mientras Akane seguía comiendo su postre ajena al resto de la familia y al destornillante sueño que acababa de tener.

El desayuno terminó sin que volviera a mirar al frente, en donde estaba Akane.

Nabiki y Kasumi se fueron a la cocina para ver qué tanto dinero necesitaba la mayor para hacer las compras, mi madre y mi padre salieron a visitar a unos amigos y el Sr. Soun fue a la casa del vecino para invitarlo a jugar un partido de Shogui mientras su compañero de entrenamiento y de parrandas regresaba.

Yo me quedé flipando un rato más en la mesa. Era un chico y no era que me molestara tener esa clase de "sueños", pero Akane era una mujer casada, tenía esposo, iba a tener un hijo…y yo aquí, soñando que llegaba hasta el final del partido con ella.

Cerré los puños decidido. Esto se iba a acabar, hablaría con ella y le sacaría toda la información de una vez por todas, no podía seguir a medias sin saber qué tanto me estaba quemando en los infiernos.

—¿Ya regresaste a la tierra?—. Akane tomó asiento frente a mi, y me cuestionó con un tono lleno de gracia.

—Esto…sí…claro—. Tartamudeé nervioso por lo evidente que había sido en mi alucine.

—No te preocupes —me dijo, ya con un tono más pasible de humor— en esta casa todos estamos locos, uno más no hace daño—. sin evitar soltar una risilla alegre.

—Gracias…creo —Le sonreí de la misma forma antes de ponerme en plan serio; era ahora o nunca, tenía que dejar la vergüenza a un lado— Verás, Akane, he estado queriendo pre-preguntar…bueno…yo… ne-necesito saber si tú…si tú y yo —Las palabras parecían morir en mi boca, la cual se negaba a pronunciar una sola letra de forma coherente, sentía las mejillas sonrojadas y la cabeza caliente, casi a punto de explotar, y mi cuerpo no estaba mejor, tamborileando con los dedos muy nervioso —Si tú y yo hemos est…est— ¡Con un demonio! ¿a dónde se había ido mi valentía?

Ella pareció advertir la pregunta, la ví desaparecer la sonrisa de hacía unos momentos para tragar saliva con dificultad, desvió la mirada a un lado, y puedo apostar que dio gracias a todos los santos cuando el timbre de la puerta se dejó escuchar.

—Iré a ver quién es—. Espetó, sin más, se dirigió al pasillo y me dejó tartamudeando, con el resto de la pregunta en el aire.

Momento después, ella volvió, seguida por dos hombres con pinta de ser detectives. Uno de ellos era alto, moreno y aún con ligeros rastros de haber tenido el cabello negro. El otro era bajo de estatura, con una veintena de kilos extra y un semblante hostil.

—¿Saotome Ranma?—. Preguntó el más alto, vestido de traje negro y gabardina café.

—Sí, soy yo—. Contesté con firmeza.

—Somos del FBI. Yo soy Tesuka Ryo y él es mi compañero Fujimori Osamu. Vinimos a hacerte unas preguntas, ¿tienes tiempo disponible?

Respondí afirmativamente y entre Akane y yo los condujimos al comedor para hablar más tranquilos y con mayor privacidad. Kasumi le ofreció una tasa de té a cada uno, para luego salir de la habitación junto con su hermana.

—Y bien, en qué les puedo ayudar?—. Cuestioné con serenidad, a pesar de que una mezcla de adrenalina y nerviosismo me recorría por dentro al verlos observarme sin pestañear.

—Escucha, seremos muy breves —respondió el más alto de los dos hombres— estuviste implicado en el accidente de una caída desde un sexto piso. Las investigaciones fueron cerradas por falta de pruebas hace poco más de cuatro meses, pero tu despertar supuso que el caso volviera a tomar curso.

—Necesitamos que nos digas todo lo que sabes—. Concluyó su compañero regordete, en un tono mucho más serio e inquisitivo que el otro y dándole un par de sorbos a su té.

—Bu-bueno, sólo sé que estaba en un centro comercial de Shibuya, resbalé con alguna cáscara o tropecé con algo y salí disparado por uno de los ventanales del lugar.

—Ajá —replicó Fujimori, mientras tomaba notas en una pequeña libreta de mano—. ¿Recuerdas haber tenido problemas con alguien? Ya sabes: trabajo, rencillas con los vecinos, problemas de amores…

Rápidamente volví mis pensamientos a los sueños que había estado teniendo estos días, especialmente el de esta noche, pero era imposible que atestiguara con un argumento tan pobre, como los delirios de un lunático con insomnio.

—No, no que yo sepa—. Confesé en voz baja.

—Está bien, no te preocupes. En todo caso, toma —ofreciéndome una tarjeta de papel—. Tiene nuestros nombres, si recuerdas algo más, llámanos inmediatamente, ¿entendido?

—Sí, así lo haré—. Sonreí ya con un poco más de calma.

Los dos hombres se pusieron de pie y yo también lo hice para acompañarlos a la salida. Antes de salir, Tesuka volteó hacía mi.

—Oye, muchacho, una pregunta más, todo lo que nos has dicho, ¿lo recuerdas tú o te lo ha contado?

—L-lo recuerdo—. Tartamudeé y, sin más, me fui a la semana en que desperté del coma y tuve que hacerme una historia coherente con todos los retazos de los cuentos que me habían contado cada uno de los miembros de la familia, incluyendo cáscaras de mango, tratos ilícitos con el lechero, entre otras cosas. Lo que me hacía suponer que tenía que seguir la investigación de lo que verdaderamente había sucedido.

Los detectives se retiraron y yo volví al aposento, y ahí estaba ella de nuevo, a lo lejos, sentada en la mesa de la cocina, sólo que el valor de unos minutos atrás se había ido, ahora sólo estaba el sonrojo de verla e inmediatamente irme a las escenas de mi sueño. Estaba la vergüenza de imaginarme descubierto y el voltear disimuladamente a otro lado para no mirarla.

Ahora lo que deseaba era irme de este lugar. Ya estaba casi completamente recuperado, y el estar junto a una persona a la cual deseaba y con la que era imposible estar, me estaba haciendo más daño que las heridas con las que había resultado del accidente.

Eso sería lo mejor, me iría al bosque a entrenar un par de meses más antes de volver a la universidad a dar clases y empezar a averiguar con profundidad sobre lo que realmente había ocurrido.

Bien, eso es lo que haría, me marcharía al otro día —Es hora de que empiece a empacar—...Estaba tan compenetrado en mis ideas que no fui consciente de que lo último lo había dicho en voz alta.

—¿Y se puede saber a dónde vas, caballo corredizo?—. La mediana de los Tendo me interrogó desde la puerta corrediza que daba al estanque.

—Necesito irme, Nabiki. No puedo seguir aquí—. Respondí con parquedad. Creía que entre menos explicaciones diera, sería mejor.

—¿Ah, no? ¿Qué te hace pensar eso?—. La noté con una preocupación sincera y desinteresada como pocas veces desde que había llegado al Dojo.

—Lo que pasa es…—¿qué le decía? Que me estaba enamorando de su hermana como un idiota, sin importarme que estuviera casada— mi cabeza se está volviendo un lío. Tengo que ir al bosque o a otro lugar tranquilo para despejarme. Eso es todo—. Suspiré.

La observé desviar la mirada hacia la derecha de mí e instantáneamente volteé para ver que era lo que Nabiki observaba con insistencia. A mi lado estaba Akane, vestida con un sencillo vestido sin mangas, color rosado.

—¿Ya lo escuchaste, hermana? Otro que se va—. Lanzó con sarcasmo.

—¿Otro que se va?—. Preguntamos llenos de curiosidad, tanto Akane como yo.

—Así es, hermanita, ya son meses enteros sin ver a tu marido. Esto es algo que toda la familia se está preguntando desde entonces, ¿cuándo piensas decirnos que te han abandonado?

—¡Nabiki!—. Gritó con molestia.



-

Continuará



Notas



Bueno, aquí llego con la actualización de esta historia n_n, me he tardado un poquito más, pero es que así como la neurona se pone en modalidad "escribe rápido", también hace que se me vaya la idea de cómo quiero escribirlo. Aparte estoy en las últimas semanas de trimestre y toda la vida se me complica. XD

Agradezco fervientemente a las personas que amablemente se dan unos minutos para leer la historia, aquéllas que dejan su comentario y a quienes me tienen en alerta también. n_n

Sobre la historia…humm…pues ya vieron que ya comencé a irme por el mal camino XD Si mal no calculo, estaríamos llegando a la mitad de esta historia, así que dentro de pronto toda la sopa quedará al aire n_n.

PD: Se aceptan teorías XD

Muchos saludos, cuídense y nos vemos luego.


PD: Prometo editar luego para dejarles mis agradecimientos...hoy ya me cansé de batallar con el cambio la letra y la separación de los párrafos x_X

Este tema ha sido editado por lizeth: 16 November 2009 - 11:42 PM

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#16 bekita-chan

bekita-chan
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Escrito 16 July 2009 - 09:59 PM

esta genial

wow me encanto
me gustaria la conti pronto
el amor nunca fue tan doloroso... eres mi vida y me matas
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#17 Sara-chan

Sara-chan
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Escrito 17 July 2009 - 01:34 PM

Holaaa!!

Me encantó el capitulo!! :miniojis:

Me gusto en la parte en que Ranma estaba alucinando con Akane.

—No te preocupes —me dijo, ya con un tono más pasible de humor— en esta casa todos estamos locos, uno más no hace daño—. sin evitar soltar una risilla alegre.


:memeo: Que graciosa es esta Akane.

Lo que me tienes intrigada que sucedio en el accidente de Ranma asi que espero pronto la conty con ansias :otra:

Cuidate y miles de besos

Un abrazo de :quetecomo:

**Sarys**
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Inuyasha&Kagome forever

#18 sofii_chan94

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Escrito 22 July 2009 - 03:34 AM

hola! bueno, leí la xontinuación del fic.... me gustó mucho!!

—¿Miel? Pensé que no te gustaba demasiado que digamos—. Le sonreí con extrañeza al verla entrar a la recámara y subir a la cama con el frasco de melaza y una mirada traviesa.

—No importa —me susurró al oído— hoy quiero hacer una excepción. La sentí avanzar hacia donde yo estaba. Subiendo a través de mi cuerpo con un movimiento felino, hasta quedar sentada encima de mi.

—Ah…y hemm…¿qué planeas hacer?—. Le susurré enronquecido, mientras le tomaba con suavidad del cuello y la atraía hacía mis labios para plantarle un tierno beso.

—No lo sé —sonrió con goce, mientras con una mano destapaba el tapón de la botella—. Pero podrías darme alguna idea luego.

Con total sensualidad se separó un poco de mí. Vertiendo con cuidado un par de gotas de miel en la yema de sus dedos y con delicadeza, impregnar mis labios con el dulce líquido. Sin perder tiempo, acortó la distancia de sus labios con los míos y ambos pudimos saborear el delicioso sabor de la melaza, acompañado de la aún más exquisita esencia de ambos.

—Contigo todo sabe mejor—. suspiró cerca de mi cuello, logrando que se me erizaran todos los bellos del cuerpo con la calidez de su aliento.

—Aún no hemos empezado—. Le respondí mientras seguía con mi cabeza oculta en su cuello, sofocando las placenteras exclamaciones que esta chica me provocaba, y que de otra forma, hubieran retumbado por todo el cuarto.

Con total cuidado, me posicioné sobre ella y la recorrí con deseo de la cabeza hasta la cintura, sin ningún tipo de miramientos. Era imposible creer que un ser tan hermoso pudiera lograr serlo aún más con el paso del tiempo. Y eso era lo que le pasaba a ella. La madurez le sentaba cada vez mejor a la personalidad valerosa y aguerrida que estaba tomando, esa a la que le gustaban los retos y sentirse amada sin miedo al qué pensará el resto.

En ese cuerpo que me hacía abofetearme cada vez que lo veía desnudo, porque me recordaba la incontable cantidad de veces que me burlé de ella diciéndole lo flaca y desgarbada que era, cuando la verdad era que tenía los ojos más bellos que había visto en mi vida, ese color tan peculiar de cabello que me hacía sentirme libre, como cada vez que subía al techo para admirar la espesura de las noches estrelladas, ahora a disposición en el azul profundo de su cabellera, la tersura de su piel blanca que me provocaba el impulso loco de abrazarla y protegerla de las inclemencias del clima, sus pechos no exageradamente grandes, pero que eran capaces de convertirse en un par de fieros volcanes encendidos en mis manos, haciéndolos un verdadero espectáculo para el tacto y para mi vista. Y esa era la mujer de la que estaba perdidamente enamorado.

La miré a los ojos, y sólo con ver sus ojos castaños, brillando de felicidad y clavados con fogosidad en los míos, obtuve la respuesta.

Hice el mismo procedimiento que ella y directamente del frasco dejé caer sobre sus carnosos labios unas gotas del espeso líquido y me acerqué a ellos para devorarlos con lujuria. Conjuntamente, dejé el recipiente a un lado y perdí una de mis manos bajo su espalda, apretando con un deseo indescriptible cada una de las zonas que su blusa blanca no cubría.

Luego, el sabor de sus labios y el toque de su espalda se me hicieron insuficientes, ¡quería más! Con cuidado me separé de ella y esta se levantó de la cama para quedar semisentada, le miré de nuevo, y sin palabras, entendió perfectamente lo que deseaba. Estiró un poco los brazos y yo la rodeé con los míos. Traviesos y deseosos, tantearon el borde de su blusa y con un movimiento lento me deshice de ella. De nuevo la uní a mí en un abrazo, mientras mis manos buscaban los broches de seguridad del sostén y los abrieron.

—Te he dicho ya que son hermosos—. Le susurré para tranquilizarla, al verla sonrojarse como una manzana al verse descubierta del torso.

Aproveché para quitarme mi camisa China y hacer que Akane se recostara de nuevo. Lentamente su nerviosismo fue opacado por un aire de confianza y me deleité recorriendo a besos sus labios, la tersura de su cuello, hasta llegar a la altura de sus pechos erguidos.

—¿Quie-quieres que lo intente?— Le cuestioné, sabiendo de antemano su respuesta. Ella asintió con la cabeza y yo feliz tomé el frasco de la miel.

Con una mezcla de placer y delicadeza, jugué a probar el sabor de sus senos endurecidos por la excitación. Una delicia que me embriagaba hasta lo más profundo y de la cual nunca deseaba salir.

Enfilé la botella del líquido y con la gracia de un artista pintando el más bello y valorado de sus cuadros, tracé en los pechos de mi amante unas delicadas líneas doradas, coronando el centro de cada uno con una delicada capa del mismo.

Sin perder tiempo, me aboqué en la tarea de recorrer con el tacto de mi lengua tibia los trazos que había hecho antes con la miel, sintiéndola estremecerse y arquearse debajo de mi ante cada centímetro recorrido, hundir las uñas en mi espalda y suspirar gustosa ante cada exhalación hecha sobre las zonas de piel ahora humedecidas, así como lanzar mi nombre por los aires con un timbre de bestialidad cuando probé a introducir sus aureolas rosadas en mi boca.

—¿Sa-sabes? —subí mi cabeza a la altura de la suya—. Tu piel desnuda sigue teniendo mejor sabor.

Ella me sonrió con una alegría radiante y nos perdimos en una ola de besos y caricias que nos quemaban por dentro y nos hacían sentir que el resto de la habitación ardía junto con nosotros.


me hisiste sonrojar con esta parte :verwensita: jajajaj

por qué el "esposo" de Akane no aparece?!? y por qué Shampoo es la "supuesta prometida" de Ranma?!? cuantos misterios!! espero ansiosa la conti!! :voyfeliz: un besito!!

#19 lindakagome08

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Escrito 23 July 2009 - 03:59 AM

hooolaaa liz wau que buena historia me encanta :miniojis: :miniojis: :miniojis: :miniojis:
tiene misterio, lo que a mi mas me gusta y ademas de que lo estas manejando de maravilla te felicito...
espero y pronto dejes conti y por aqui me veras seguido, si es que no se me olvida :P
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¨ Déjame darte la descripción de mi trabajo. Yo cazador oscuro, Tu daimon, yo golpeo, tu sangras, yo mato, tu mueres...¨

#20 dannyRanma14

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Escrito 28 July 2009 - 06:12 AM

Hola Liz!!

Perdona la tradanza, pero esque a veces me olvido... ya lo había leído y seis siglos después vengo a dejjarte coment, no tengo remedio u_u.

Pués sobre el cap que te digo, me gustó bastante, ese Ranma es un picarón... mira nada más las cosas que se viene a imaginar... por un momento pensé que era real el momento y me dije: ¿pero cómo, si Akane está embarazada? O_O jaja pero ya después me vine a dar cuenta que eran sólo imaginaciones de nuestro querído chico de la trenza...

Por otro lado pués me parece bien que los invesitigadores hayan abierto el caso de nuevo, la verdad que eso de la cáscara no me lo creo. Pienso que detrás de todo esto hay una sorpresa... pasando a otro punto, pués esa Nabiki siempre tan insensible, cómo dice eso... es que no hay derecho. Además si el padre no ha aparecido es porque tal vez esté muy cerca de ella :yonohesido: es decir, conociendo a Nabiki creo que si dijo eso fue por algo....

Bueno Liz, yo te dejo.

Un besote!!
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Mi más reciente historia: Te Puedo Escuchar [Ranma//paranormal]



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