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Un Intercambio Por Una Confesión (Inu&kag)


47 respuestas en este tema

#1 Peachilein

Peachilein

    Acosada por "titulín"

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Escrito 02 February 2012 - 04:05 PM

N/A.: Tras mucho tiempo de no animarme a postear un fic en el foro (a falta de lectores :juas:), me han convencido —prácticamente latigueado— para que pusiera esta historia por acá :meparto:. Espero que sea acogida como, alguna vez, lo fueron mis anteriores fics en su momento :miniojis:.

Y, sin más que agregar (hasta el final del post), los dejo con la lectura :D.



El hechizo de un ser mágico someterá el orgullo de todo aquel, que se negara a aceptar sus verdaderos sentimientos, mediante un intercambio entre los involucrados. Sólo la confesión, les permitirá recuperar sus cuerpos. ¿Imposible? No, sólo difícil.


Un intercambio por una confesión



Capítulo 1: Hechizo

En las profundidades de un lejano y místico bosque, —un lugar al que muy pocas personas se atrevían a aventurarse por los peligros y seres mágicos que podían encontrarse allí—, se dejó entrever una pequeña criatura de no más de treinta centímetros de alto, trepando sobre una heterogénea roca, mucho más grande que él. Con algo de dificultad, el diminuto hombrecito de aspecto anciano, orejas puntiagudas, nariz redonda y ojos prominentes, se acomodó su sombrero picudo de color verde, y tomando impulso, tironeó un saquito lleno de especias, logrando subirlo a su nivel. Tomó un cansino respiro y se sentó, agotado, sobre la superficie del montículo, contemplando la belleza de la naturaleza a su alrededor. Se relajó y finalmente cerró sus párpados, permitiendo que la paz y tranquilidad del bosque relajaran cada uno de sus sentidos.

—Qué molesto eres, ¿podrías dejarme tranquila?

Bueno, al parecer, había alguien en contra de esa pacífica quietud. ¡Vaya escándalo!

Al escuchar unas voces, no pudo evitar centrar su atención en los desconocidos que habían irrumpido aquella calma. ¿Una humana? Era muy extraño encontrarse con humanos en un lugar como éste, pero lo que más despertó su curiosidad, fue el individuo de largos y platinados cabellos que la acompañaba. ¡Un híbrido! Un ser que no pertenecía ni a una especie ni a otra, sin un lugar definido en el mundo, visto por muchos como una abominación y una vergüenza, tanto por demonios como por humanos. Sin embargo, éste tenía algo especial. Él había aceptado su condición como tal; y al indagar en lo más profundo del corazón de aquel sujeto, —gracias a su visión especial—, el pequeño hombrecillo descubrió, que éste emanaba un espíritu fuerte, indómito, altivo y… un alma noble y sensible, lleno de emociones fuertes, aparentemente incapaces de ser reveladas. Una combinación, sin duda, muy peculiar.

Decidido a observar a esos dos un poco más e indagar en su situación, guardó silencio y permaneció quieto en su puesto. Todo indicaba que éste, sería un nuevo caso que requeriría de su valiosa y mágica ayuda.


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—¡Eres una imprudente y descuidada! —Le refunfuñó el híbrido a su acompañante, mientras caminaban lado a lado—. ¿Sabes lo que hubiera pasado si no llegaba a tiempo? ¿Cómo se te ocurre correr hacia el bosque tú sola y sin protección alguna? ¡¿Acaso estás loca?!

—Ya te dije que lo sentía, ¿cuántas veces vas a reprochármelo? —Replicó la muchacha junto a él, suspirando cansinamente—. Además, tú tuviste la culpa…

—¡¿Qué yo tuve la culpa?! ¿Quién estuvo coqueteando con ese fulano terrateniente de pacotilla en primer lugar? ¿Yo? No lo creo —siseó, evidentemente molesto, deteniendo su paso para posarse enfrente de ella con el ceño fruncido.

—¿Coqueteando? ¡¿Coqueteando?! Fue él quien me apartó del grupo para hablarme de algo importante y… y… —trató de defenderse, pero no pudo terminar su frase al recordar la declaración amorosa del joven hombre, terminando por sonrojarse y jugar con sus dedos, nerviosa.

—Keh. Escuché perfectamente lo que ese miserable te dijo, y te juro que si se te vuelve a acercar de esa manera, ¡lo mataré! —amenazó el oji-dorado, haciendo tronar sus dedos y mostrando sus afiladas garras.

—¡No te atrevas a hacerle daño! El joven Yosuke no ha hecho nada malo. Él sólo…

—¿Qué? ¿Ahora me dirás que te gusta ese sujeto? Pues que mal gusto tienes, Kagome —bufó él con una sonrisa socarrona en sus labios.

—Y si así fuera, ¿qué? ¿Tienes algún problema? ¡Tú no tienes ningún derecho de reclamarme!

La muchacha, simplemente, no lo soportó más y decidió provocarlo, intencionalmente. Quizás, si lo orillaba, él, finalmente, le expondría sus sentimientos, que sabía él guardaba por ella… o eso quería creer. De todas maneras, no perdía nada con intentarlo, ¿o sí? Lo sucedido con aquel hombre, —nieto de la matriarca del pueblo al cual habían llegado, junto con sus amigos—, lo consideró una buena oportunidad.

Por supuesto que, el plan inicial del grupo, había sido descansar un poco de su prolongado viaje (sin señales de Naraku) y abastecerse. Con lo que no habían contado, era que el joven Yosuke —un delgado hombre de oscuros cabellos rizados— se enamorara perdidamente de ella, se le declarara y le propusiera, inesperadamente, matrimonio, cosa que terminó por revolucionar los nervios de Inuyasha. Bueno, quizás, el hecho de quererla besar, fue el real motivo para hacer estallar la furia del híbrido. Por ende, tras el susto —y casi asesinato— del pobre hombre, ella terminó de enfadarse, adentrándose (y posteriormente, perdiéndose) en el extraño bosque. Fue inevitable que su aroma atrajera a un enorme ogro hambriento, y la atacara, convirtiéndola casi en su almuerzo… hasta que llegó Inuyasha en su rescate.

—No te atreverías —gruñó el peli-plateado, roncamente. Era evidente que el comentario de la azabache lo había alterado.

¿Acaso era tan difícil de comprender el porqué de su actitud? ¿Qué esperaba esa tonta que hiciera? ¿Quedarse con los brazos cruzados y dejar que otro se la quitara en sus narices? ¡De ninguna manera, Kagome era suya! Aunque pareciera egoísta, no permitiría que nadie se la arrebatara.

—¿Y por qué no? Soy libre de decidirme por quien me plazca. ¿O qué? ¿Acaso estás celoso?

Hubo un momento en que creyó verlo titubear, y hasta sonrojarse levemente. Lo había provocado y hecho enojar lo suficiente como para obtener algún resultado favorable de su parte —por pequeño que fuere—, sin embargo, eso no sucedió. Por el contrario, sus ánimos y esperanzas se vinieron completamente abajo con lo que escuchó en ese momento:

—¿Celoso yo? ¡Ja! ¡¿Quién podría celar a una niñita tan fea y gritona como tú?! —espetó—. Sólo un humano estúpido y ciego podría hacerlo.

Una respuesta cruda, cruel, y definitivamente desesperada por escapar de lo evidente. En realidad, no había querido decir aquello, mucho menos lastimarla (de eso se dio cuenta al oler las lágrimas contenidas de la muchacha y escuchar el rechinar de sus dientes), pero su gran bocota se encargó de fastidiarlo todo... como siempre. ¡Demonios! ¿Por qué simplemente no podía decirle lo que sentía por ella? Debía reconocerlo, ¡era un maldito cobarde!

—¿En verdad… piensas eso? —masculló ella, ocultando la mirada debajo de su flequillo azabache, mientras apretaba fuertemente sus puños.

—Kagome, yo no quise…

Normalmente ya lo hubiese sentado, aplastado literalmente contra el suelo, pero por alguna razón, no se sentía con las suficientes fuerzas para hacerlo, mucho menos los ánimos para gritarle como se merecía. También era posible que estuviera más sensible de lo normal... Sí, seguramente debía estar cerca de “esos días”. Total, ya se le pasaría, y como siempre, al final, perdonaría a ese tonto. Patético. ¿Por qué tenía que quererlo tanto, si al fin y al cabo no era correspondida?

—Lamento no ser lo suficientemente buena para ti, Inuyasha —dijo, denotando mucha tristeza en su achocolatada mirada, fingiendo una sonrisa—. Supongo que nunca podré competir contra la sombra de Kikyo.

Con un suspiro cansino, Kagome giró sobre sus pasos y se encaminó de regreso a la pequeña aldea, en donde Sango, Miroku, Shippo y Kirara la estarían esperando. Por lo menos ellos apreciarían más su presencia que él.

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Tras escuchar esas palabras —y leer los más profundos pensamientos de Inuyasha—, el hombrecillo de ojos saltones, no pudo evitar sonreír de medio lado con cierta diversión. De modo que se trataba de un híbrido, enamorado de una humana, o más bien dicho, una joven sacerdotisa, a quien no se atrevía confesarle sus verdaderos sentimientos. Interesante. Bien, había sido más que evidente que el motivo de tan absurda pelea eran los celos del peli-plateado, así como también, la falta de comprensión y confianza entre aquella humana y él. Claramente, esa mujer estaba enamorada de él, y viceversa, con el único inconveniente, que ese terco y orgulloso híbrido no lo admitía. Él no debería actuar con tanta indiferencia ante la eminente presencia de un sentimiento tan valioso como lo era el amor, en este caso, más que fraternal. Al menos eso era lo que pensó el duendecillo, cruzándosele una grandiosa idea por su mente.

Si a ese sujeto, llamado Inuyasha, le costaba tanto expresar su verdadero sentir a las personas que apreciaba, tendría que motivarlo a hacerlo. Y él, sabía exactamente cómo…

La magia de duende era infalible.

Sus pequeños dedos se movieron en el aire, al tiempo que diminutas partículas escarchadas surgían de ellas. Y, un hechizo, tan antiguo como su misma existencia, salió de sus labios casi como un lejano canto:

“Terco es el corazón, grande es el amor.
El orgullo, sólo un obstáculo, que impide el nacimiento del esplendor.
Fuerte el sentimiento, proveniente de lo más profundo del alma.
Deberá ser reconocido minutos antes del alba.
Cámbiense ahora, pues aprenderán a valorarse en el tiempo.
Pero recuerden, sólo la confesión del verdadero amor los devolverá a su cuerpo.”


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Para cuando Inuyasha pudo reaccionar y darse cuenta que lo habían plantado sin un “siéntate” —cosa muy extraña en Kagome tras una fuerte discusión—, ella ya había puesto varios metros de distancia entre ellos. Quiso retenerla, retractarse de sus estúpidas palabras y disculparse; sin embargo, sus pasos se detuvieron, de repente, al sentir un olor muy conocido en el aire. Se alteró cuando tuvo al indeseado visitante al alcance de su campo de visión. ¡Siempre tan inoportuno!

—¡Sesshomaru! —escupió—. ¡¿Qué estás haciendo…?!

Antes que Inuyasha pudiera terminar su frase, e incluso antes que el serio hermano mayor pudiese terminar de aterrizar delante de él y contestarle con algún comentario seco y sarcástico, un extraño resplandor cayó abruptamente sobre ambos, atrapándolos con su misterioso y desconocido poder. Sus cuerpos palpitaron un par de veces, sintiendo como si sus almas quisieran desprenderse de ellos en cualquier momento. Un místico viento remolinante los envolvió de pies a cabeza, haciéndolos girar con brusquedad y a una velocidad impresionante, hasta sentirse golpeados por un poderoso y cegador flash. Una voz susurrante resonó con un suave eco, indicándoles lo que parecía ser una especie de tiempo límite, cuyo significado ambos ignoraron, mucho menos prestaron atención debido al aturdimiento y confusión.

Luego de eso, todo volvió a la normalidad… o al menos, eso parecía.

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Pese a la sorpresa por la repentina aparición del sujeto de presencia demoniaca y similar apariencia al híbrido, el anciano duende no pudo detener su encantamiento —o mejor dicho, no quiso hacerlo—; por el contrario, decidió llevarlo hasta el final y agregarle un “toque extra” para cuando su pequeño error se enmendara. Esa chica humana no se vería librada, y más adelante tendría su oportunidad como correspondía.

En cuanto a estos dos… ¡eran hermanos, por todos los cielos! Por lo que pudo leer en el corazón de cada uno durante el intercambio, ellos no se llevaban para nada bien. ¿Qué clase de parientes eran? Que esta valiosa lección les sirviera para aceptarse mutuamente y reconocer que, pese a sus diferencias, verdaderamente se apreciaban. Bueno, si deseaban volver a la normalidad, tendrían que hacerlo. Oh, sí, realmente sería muy divertido de ver.

De acuerdo a su viejo libro de hechizos, dependiendo de la relación con la otra persona y el nivel de apreciación hacia ésta, el plazo dado en su conjuro debería ser alterado. Sería un fastidio tener que esperar tanto tiempo por los resultados finales, pero dadas las imprevistas circunstancias, el plazo de un par de días sería un tiempo justo y suficiente.

Hasta el tercer alba…

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—¿Qué demonios fue eso? —Inuyasha fue el primero en hablar. Aún aturdido por lo sucedido, se sostuvo la cabeza y la sacudió levemente—. Me siento un poco… extraño.

Sesshomaru, por su lado, parecía levemente abstraído, observándose atónito las manos. Y, aunque, la mayor parte del tiempo denotara absoluta calma y sus facciones raras veces expresaran algo, esta vez era diferente. ¡Algo no andaba bien! Para empezar, ¿desde cuándo le había vuelto a salir el otro brazo?

—¡Esto no…! —apenas logró articular, cuando decidió ladear su rostro hacia su fastidioso hermano menor. ¿Y cuál fue la sorpresa que se llevó? Su cuerpo estaba delante de él, en el mismo lugar en donde se suponía debería estar Inuyasha—. ¡Maldición!

Continuará…

:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:


N/A: ¡Hola a todos!

¿Qué les ha parecido este inicio? :nani: Apuesto a que no se esperaban ese desenlace al final del capítulo :meparto:. La verdad, aún no sé la cantidad exacta de capítulos que contendrá, pero según mis cálculos, tampoco creo que sea demasiado extenso. Ya veremos lo que dice la musa :juas:.

Espero que les agrade la lectura y me acompañen durante este fic, que contendrá algo de humor, romance y… lo que surja durante la escritura (?) xD.

Recuerden que todos sus comentarios y/o sugerencias serán bienvenidas. ¡Los espero con ansias!

¡Muchos besos y nos vemos en la próxima!

:besitu:

Este tema ha sido editado por Peachilein: 15 April 2012 - 02:17 AM

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Nuevo fic (Terminado): "Un intercambio por una confesión" (Inu&Kag)
Relato Original One-Shot: "Dulce Recuerdo"


#2 frikye

frikye

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Escrito 02 February 2012 - 05:50 PM

Oleeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee :vibras: :vibras: :vibras: :vibras:

Yo me lo voy a leer!!!! :fan: :fan:

Seguro que está genial :xussin:

#3 Yuki-chan

Yuki-chan
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Escrito 03 February 2012 - 12:09 AM

No lo creo!! Inuyasha y Sesshomaru intercambiaron sus cuerpos???!!! :tripi: Que divertido :memeo: :memeo: :memeo: :memeo:

tienes que continuarlo xfis, muero x saber que pasara :superidea:

#4 Kaizen

Kaizen
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Escrito 03 February 2012 - 05:09 PM

Desde luego no me esperaba ese giro en la trama, pero estuvo muy divertido. ^^.
Seshomaru con la personalidad de Inuyasha??? Cuesta imaginarlo, se resistira Kagome a eso? xD. La historia promete, no me la voy a perder.
Un Saludo!
Imagen enviada

#5 Lian-san

Lian-san
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Escrito 05 February 2012 - 11:46 PM

jejejeje pobre Sesshomaru jajajajaja tiene que convivir con el cuerpo de su medio hermano hibrido y que detesta...y pobre Inuyasha convivir con el cuerpo del egocentrico medio hermano mayor que detesta jajajaja

espero la conti yy no dare sugerencias xq se que haras de esta fic una genialidad...

me maree un poco al leer y tuve que releer x los gritos de unos chicos que jubana al conter strike (estoy en una sala de chat) hasta que no compre el modem para mi notebook no tendre internet maldicion!!

besos y sigale para adelante...

pobre de Kagome...INUYASHA ERES UN INSENSIBLE!!! ya te voy a dar tu merecido :memeo:

sayonara
No te arrepientas de nada de lo que hayas hecho porque al final eso te hace quien eres...

#6 frikye

frikye

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Escrito 09 February 2012 - 12:14 AM

Pero bueno!!! No me esperaba para nada ese final del capi!!! :juas: :juas:

Qué sentirá Sesshomaru con los al suelo de Kagome?? :meparto: Lo de que le ha crecido otro brazo casi me mata :memeo: :memeo: y si Inu no se apaña sin un brazo ya me presto yo a ayudarle a desvestirse :uuh: :uuh: :uuh: :uuh:

Quiero la continuación ya!!!! :loca:

#7 *Wendy-Gwendolyin*

*Wendy-Gwendolyin*
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Escrito 09 February 2012 - 10:03 PM

Quiero saber qué pasará con el cambio de cuerpoooos!!! CONTI CONTI CONTI, :vibras:
qué pasará cuando lo descubran kagome y kikyo? :velita: :memeo: :memeo: :memeo:
*^_^*

#8 Peachilein

Peachilein

    Acosada por "titulín"

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Escrito 15 February 2012 - 09:04 PM

Antes que se me atraviese cualquier otra cosa, paso a dejar el nuevo capi ^^. Los agradecimientos y notas, encontrarán al final del capi :D.



Capítulo 2: El duende de la unión

Atentos y expectantes centraron toda su atención en la señora de canos cabellos, que se situaba delante de ellos, sentada sobre una almohadilla. Las marcadas arrugas en su rostro denotaban los años que habían pasado sobre ella, y sin duda, la experiencia y sabiduría adquirida durante ese tiempo. Su relato —o cuento de hadas, como prefirieron denominarlo— era muy interesante; y es que, siendo la matriarca de un pequeño pueblo, era natural saber de diversos mitos y leyendas.

—Se dice que en las profundidades de este bosque, existe un duende ermitaño con misteriosos poderes mágicos, encargado de unir a los seres que se aman, mediante sus hechizos —narró la anciana, haciendo gestos con sus manos para mantener el interés de sus oyentes—. Con sus encantamientos, ha devuelto las buenas relaciones entre familiares y amigos, que no se podían ni ver por anteladas discusiones.

—¡Increíble! ¿Y sólo con su magia? —Se sorprendió el pequeño zorrito pelirrojo, Shippo—. Entonces, debe ser una especie de guardián del amor y los buenos sentimientos.

—Sí, algo parecido. De hecho, entre los aldeanos, se lo conoce como el duende de la unión —explicó la vieja mujer.

—¿Duende de la unión? —intervino Sango esta vez, despertándose en ella también la curiosidad.

—Así es. Una vez que el duende de la unión interviene con uno de sus hechizos, los lazos de aquellos, que fueron afectados, serán irrompibles —explicó—. Y, en el caso de parejas, su amor será eterno… y apasionado.

—¡¿Apasionado?! —El monje Miroku se levantó rápidamente de su puesto y de un tirón, jaló la mano de la exterminadora para que lo siguiera fuera de la casa.

—¿A-a dónde vamos? —preguntó ella, confundida.

—¿A dónde va a ser? Pues a buscar a ese duende para que una nuestras vidas y podamos amarnos apasionadamente —respondió, decidido. «No puedo desaprovechar esta oportunidad».

—¡¿Q-Qué?!

En completo shock, Sango detuvo sus pasos. Sus mejillas estaban tan coloradas como un tomate. Si bien, Miroku ya se le había declarado en una ocasión, y propuesto matrimonio, estaba segura que él no estaba pensando en nada bueno… ni decente. Su corazón estaba latiendo muy rápido, no lo negaba, pero no creía estar preparada aún para dar un paso tan grande, ¡y mucho menos antes de casarse! No, ¡de ninguna manera!

El oji-azul se giró y miró a la joven exterminadora al notar su reticencia. Se inclinó hacia ella y luego sonrió con picardía.

—No temas, mi querida Sango —confortó el hombre—, si el duende de la unión nos bendice con uno de sus hechizos, podríamos dar el primer paso para la ardua labor de tener hijos. Y entre más pronto comencemos, ¡mejor!

Estupefacta, con sus ojos ensanchados y con la cara completamente ruborizada hasta las orejas, creyó que moriría de la vergüenza por tan osado pensamiento. Sin embargo, cuando sintió una traviesa —e indeseada— mano posarse sobre una parte voluptuosa de su femenina anatomía, la furia terminó por apoderarse de ella. Las manos de la mujer se cerraron en puño y su cuerpo entero comenzó a temblar con ira contenida, a medida que un aura llameante la rodeaba.

—¡PERVERTIDO!

El seco sonido del boomerang, rebotando contra el cráneo de Miroku, hizo temblar la vieja casa por el fuerte impacto. Al instante, un humeante chichón hizo su aparición sobre la cabeza del afectado, evidenciando su obvia derrota contra la exterminadora.

El monje había aprendido su valiosa lección del día: “No tocar donde no debía, sin previa autorización”. Algo difícil, tratándose de Miroku, pues cuando de Sango se trataba, su mano maldita tomaba vida propia. Pero por lo menos, lo pensaría dos veces antes de volver a intentarlo.

Oh, sí, ¿en dónde estaba ese dichoso duende de la unión cuando se lo necesitaba? En alguna parte del bosque, por supuesto, sin escuchar su clamor de querer ser el mejor amante para su mejor… ah, sí, también padre.

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Extrañada, observó cuidadosamente sus manos, segura de haber visto una especie de polvo escarchado en ellas, además de en el resto de su cuerpo. Después de parpadear varias veces, aquel misterioso brillo, simplemente, desapareció.

En ese momento, había tenido la extraña sensación de un hormigueo por todo su organismo. Un estremecimiento se había alojado en su corazón, provocando la aceleración de sus latidos, pero como segundos después todo se normalizó, no le dio mayor importancia. Seguramente, debó ser a causa de la previa discusión con Inuyasha.

Ensimismada, avanzó su camino, a medida que su malhumor se desvanecía y sus pensamientos se enfocaban en el causante de sus males. ¿Cómo podía él aún causarle tanto daño al corazón con sus menosprecios e insultos? No, en realidad, ¿cómo era posible que ella aún lo aguantara?

Fácil. Estaba enamorada como una estúpida.

Después de tanto tiempo, ya debería estar acostumbrada, pues muy en el fondo, sabía que él no era sincero con sus palabras ofensivas, y únicamente se las decía para ocultar sus verdaderos sentimientos. ¿Pero hasta cuándo? Ya no quería seguir esperando…

Un cansino suspiro escapó de su boca y una sonrisa melancólica se dibujó en sus labios. Mantener el buen humor y fingir que nada había pasado, no era sencillo; y no obstante, no estaba dispuesta a rendirse todavía.

—Señorita Kagome, ha regresado —la voz masculina la hizo respingar. Tan distraída había estado, que no se percató de la presencia del nieto de la matriarca, ni del momento en que había regresado al pueblo—. Ya me estaba preocupando.

—Joven Yosuke… —la muchacha esbozó una sonrisa falsa. Ya no quería provocar más problemas—. S-sí, no me pasó nada. Además, Inuyasha…

—Vaya, veo que el paseo por el bosque le ha sentado maravillosamente bien. Se ve más hermosa que en la mañana.

El joven hombre se acercó un poco más a ella, no pudiendo evitar sentirse atraído, casi magnéticamente. Por su bienestar, sabía que no debía hacerlo, pues el híbrido aquel, podría volver a aparecer y cumplir con su amenaza de matarlo, pero su corazón se negaba a obedecer a su inteligente mente.

—¿Eh? Gra-gracias.

Kagome dio un paso hacia atrás, nerviosa. El hombre se estaba acercando nuevamente más de la cuenta, y no sólo eso, ¡la estaba cortejando! Creyó que el joven Yosuke habría aprendido la lección después de casi hacer un viaje al más allá —cortesía de Inuyasha—, pero se equivocó. Era muy persistente, además de imprudente. Esto podría ser un problema. ¿Qué debería hacer para persuadirlo? Sí el peli-plateado andaba cerca, entonces…

De pronto, una explosión provino del bosque y varios árboles se derrumbaron, levantando una gran nube de polvo. Por acto reflejo, la azabache y su cortejador voltearon sus rostros hacia aquella dirección. Sango, Miroku, Shippo, Kirara y la matriarca, salieron de la casa y se les unieron, también curiosos por el ruido.

Se escucharon varios alaridos, muchos insultos y más golpes destructivos, que hicieron estremecer la tierra en un par de ocasiones más. Luego, todo se calmó, oyéndose únicamente dos voces masculinas en plena discusión.

—Cuando esto se termine, ¡te mataré! —gruñó el alto demonio de plateados cabellos, amenazadoramente.

—No eres el único con ese pensamiento, hermanito —le respondió aquel de vestimentas rojas a su indeseado acompañante, de similares rasgos fisionómicas, con voz peligrosamente mordaz.

—Te lo advierto… —siseó nuevamente el de apariencia mayor—, si lo hiciste apropósito, yo…

—Sí que eres estúpido —contraatacó el menor, resoplando con fastidio—. Nadie en el mundo desearía convertirse en un asqueroso e indeseable híbrido —escupió despectivamente, y el otro se limitó a gruñir.

Frases incoherentes, ofensas poco convincentes, golpes nunca acertados y ataques poco amenazantes, fueron los resultados de una pelea sin sentido.

Desde que ambos habían, literalmente, cambiado de cuerpos —involuntaria y misteriosamente—, ni siquiera habían sido capaces de dañarse a sí mismos en una batalla racional. Ambos, enfurecidos, decidieron enfrentarse en un combate cuerpo a cuerpo, usando sus mejores técnicas, inculpándose el uno al otro por su mal; sin embargo, al verse obligados a golpear sus propios rostros, no fueron capaces de hacerse daño. En cuanto tomaban impulso, con sus garras preparadas para destajar y destrozar, sus cuerpos se detenían automáticamente ante la figura que tenían enfrente.

¡Ridículo!

Y allí estaban. Malhumorados, frustrados y cansados de no poder mantener una pelea decente, en la aldea más aledaña, dispuestos a encontrar una solución a su peculiar problema.

No obstante, aquella pelea quedó momentáneamente en el olvido, cuando las pupilas doradas del blanco demonio se movieron en dirección a Kagome. Los hombros de la mujer estaban siendo abrazados por el mismo estúpido humano que había tratado de besarla en la mañana. ¡¿Qué se creía?! Bueno, a lo mejor lo estaba exagerando un poco, pues Yosuke únicamente se estaba refugiando detrás de ella como un cobarde, seguramente, para no ser exterminado. ¡Ja! Como si le fuese a dar resultado.

El ceño del platinado se frunció y en menos de un parpadeo, sus ágiles reflejos le permitieron estar delante de ambos. El asustado hombre dio un paso hacia atrás cuando una mirada asesina cayó sobre él, viéndose amenazado por las filosas garras cerca de su cuello.

—Creo haberte dicho claramente que no te le volvieras a acercar —susurró el oji-dorado, mordazmente.

—Yo… yo… lo siento… es que yo… —tartamudeó el asustado y delgado hombre de oscuros cabellos rizados.

—¿Se-Sesshomaru? —Kagome estaba atónita y apenas había logrado encontrar su voz.

No entendía nada. ¿Qué estaba haciendo Sesshomaru allí? Y lo más importante, ¿por qué estaba atacando al joven Yosuke? Se lo hubiera esperado de Inuyasha, —como antes, cuando tuvo un evidente arranque de celos—, pero él estaba parado al otro extremo, muy tranquilo e indiferente. Quizás, ¿ahora permitiría que su hermano mayor hiciera el trabajo sucio por él? No, esa no era su forma de ser…

El ambiente se había tornado bastante confuso. Nadie se atrevió a moverse. Sólo una suave brisa sopló, arrastrando consigo un pequeño arbusto seco, el cual rodó como una bola delante del grupo. ¿Que acaso nadie haría nada por salvar al pobre e indefenso humano, cuyo único pecado era enamorarse de Kagome? Aunque, para que esta vez lo atacase un demonio, sólo probaba que, a lo mejor, había hecho algo más grave que eso…

—¡Señor Sesshomaru!

Todos alzaron sus cabezas y vieron, sobre la espalda de un gran dragón volador de dos cabezas, a Rin y a Jaken, dando grandes voces, queriendo así, llamar la atención del imponente demonio de vestiduras blancas. El rostro de la chiquilla humana se iluminó de alegría, al reconocer al peli-plateado desde las alturas. Y, cuando Ah-Un toco el suelo, ella se bajó de un salto de su lomo para alcanzar a su señor; no obstante, el sirviente de piel verdosa fue más rápido, la empujó y se le adelantó.

—¡AMO SESSHOMARUUUUUUUUU!

Con un grito eufórico, Jaken se lanzó enamoradizamente sobre la figura de su querido amo, con brazos extendidos, el pico estirado y ojos destellantes.

Lástima que el recibimiento no resultó ser tan recíproco como él habría esperado.

—¡No te me acerques!

En menos de una fracción de segundo, Jaken recibió una inesperada patada de su señor antes de siquiera alcanzarlo, volando por los cielos como una estrella fugaz. Pobrecito, ¿qué había hecho él para merecer semejante maltrato? Bueno, al menos, su intervención había servido para que la víctima —o sea, el joven Yosuke— fuese liberada. ¡Jaken resultó ser todo un héroe!

Kagome parpadeó un par de veces y volvió a observar al poderoso demonio con curiosidad. El ceño de Sesshomaru estaba fruncido y sus blancos colmillos estaban expuestos en una mueca de enojo. Una reacción nada habitual en alguien usualmente inmutable. Algo no estaba bien. Además, esa voz…

—Vaya carácter… —musitó Miroku. ¿Acaso esa era manera de tratar a sus sirvientes?

—¡Keh! —bufó el ceñudo amo, cruzándose de brazos, a diferencia de su hermano, que se hacía el indiferente ante la vergonzosa situación.

Ésa, definitivamente, no era una característica propia de Sesshomaru. Entonces…

—¿Inu-Inuyasha? —inquirió Kagome, temiendo que su suposición fuese acertada.

Ante el llamado de su nombre, el arisco demonio volteó su vista hacia ella, sintiéndose algo incómodo, al verse descubierto de esa manera tan ridícula. Le preocupaba mucho la reacción de la mujer. Habían discutido, sí, y él la había hecho enfadar antes que todo esto sucediera. Tal vez, ahora, sería mucho más difícil conseguir su perdón por lo de la mañana…

Rin corrió inmediatamente hacia el híbrido y lo miró fijamente al rostro, examinando y estudiando cada detalle de sus facciones. Con ojos muy abiertos, pestañeó un par de veces cuando las pupilas doradas del hombre, con orejas de perro, se movieron hacia ella y la observaron de una manera, ciertamente, conocida.

—¡Señor Sesshomaru! —exclamó ella, abrazándose inmediatamente a su pierna con alegría.

Éste no hizo ningún movimiento, permitiéndole a la niña disfrutar de su demostración de afecto hacia él. Sí, definitivamente era Sesshomaru. ¿Quién más podría ser tan afectivo con la pequeña humana?

Todos quedaron estupefactos con la reciente y confirmada revelación. Completamente aturdidos, los ojos de los espectadores se movieron de un lado al otro, de Inuyasha a Sesshomaru y viceversa, en espera de alguna otra reacción de su parte.

¿Cómo era posible que algo tan inaudito sucediera? ¿Cómo había ocurrido aquello? Sus mentes no podían conjeturar nada coherente. Tampoco pensaron que pudiese tratarse de alguna extraña treta de Naraku, pues ésta no era una forma en que él actuaría. Entonces, ¿podría ser…?

La vieja matriarca esbozó una leve sonrisa al notar varias miradas sobre ella, y asintió con su cabeza de manera afirmativa. Avanzó varios pasos, quedando a tan sólo pocos metros de los hermanos.

—Veo que el duende ermitaño de la unión ha aparecido nuevamente, después de más de 50 años… —indicó la anciana mujer, y al ver las expresiones confusas de ambos, prosiguió—: Su meta es unir a las personas con sus encantamientos, y así, fortalecer los lazos de amor que hay entre ellos —hizo una pausa, sólo para mirarlos con seriedad—. Indudablemente, vio sus diferencias y quiso ayudarles a mejorar su relación... de hermanos.

Un golpe duro y definitivamente inesperado. ¿Quién diría que Inuyasha y Sesshomaru resultarían ser las más recientes víctimas de una mítica criatura con síndromes de un Cupido de la era feudal? Ellos, seguramente, no.

—¿Lazos de amor? No me haga reír —siseó Sesshomaru con aire de hastío, aún sin demostrar grandes cambios en su semblante, aunque, inconscientemente, moviendo graciosamente sus recién adquiridas orejas sobre su cabeza.

—Sí, claro, como si pudiese existir algún sentimiento de afecto hacia ese engreído —rezongó Inuyasha por su lado.

—¡Escúchenme bien! —habló la viejecilla con tono solemne—. Si quieren volver a la normalidad, deberán hacer su orgullo de lado y reconocer abiertamente sus sentimientos por el otro —indicó—. Y a menos que cumplan con esa condición antes de un tiempo determinado, nunca podrán revertirlo.

Los ojos dorados de los hermanos se ensancharon. El mundo pareció girar a su alrededor de manera burlona, haciéndolos sentir miserables y condenados a una sentencia mayor que la eternidad en el infierno.

¿La confesión era la única condición? ¡Que alguien los matara primero!

Continuará…

:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:


N/A: ¡Hola a todos!

¡Wow! Realmente me emocionó grandemente ver todos sus comentarios en el primer capítulo. Como me alegra saber que les gustara y sobre todo, que se animaran a dejarme sus palabras alentadoras :fan:.

Mis más sinceros agradecimientos a: Friss, Yuki-chan, okru, Lian-san, y *Wendy-Gwendolyin*.

Sin olvidarme, por supuesto, de todas aquellas personas que sólo leen también en silencio ^^.

¡Muchas gracias por su tiempo! Me han hecho muy feliz :miniojis:

Espero que la lectura haya sido de su completo deleite :abrazo:.

¡Hasta la próxima! :quetecomo:


Nuevo fic (Terminado): "Un intercambio por una confesión" (Inu&Kag)
Relato Original One-Shot: "Dulce Recuerdo"


#9 Lian-san

Lian-san
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Escrito 19 February 2012 - 10:26 AM

que alegria ser el primer lector en comentar..wiiii :voyfeliz: :voyfeliz:

la verdad...estuvo genial! me encantó, en especial el perver de Miroku y la cortesía del más alla de Inuyasha jejejeje...aguante mi viejo amigo de la infancia...

pobre Jaken, nadie lo quiere cerca jajajaja y el duende un genio en hacer eso...a ver si sirve para que se lleven bien esos par de navos :memeo:

espero impaciente el proximo capitulo!!!!

sayonara
No te arrepientas de nada de lo que hayas hecho porque al final eso te hace quien eres...

#10 Kaizen

Kaizen
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Escrito 19 February 2012 - 07:16 PM

Jajaja, Esto es divertidisimo!!!!
Ni siquiera son capaces de zurrarse como es debido xD. Asi que una confesion de sus sentimientos? no pensaba en esto cuando lei el titulo jaja creo que ninguna xD.
Muchas gracias por el capitulo, espero con ansia el siguiente. Un Abrazo.
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#11 Yuki-chan

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Escrito 22 February 2012 - 12:51 AM

NOOOOOO! En serio deberán declarase para volver a intercmabiarse?! :memeo: :memeo:
esto esta demasido bueno! No me puedo imaginar a esos dos en una situación semejante :memeo:
pero ahora la pregunta del millon... en verdad lo haran?? :juas: y que hará kagome?

quiero contiiiiiiiii!!! :loca:

#12 frikye

frikye

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Escrito 24 February 2012 - 05:50 PM

No me había dado cuenta que había capi nuevo!!! Salió cuando yo estaba fuera!!!! :miniojis:

La verdad es que Yosuke me da pena :juas: El pobre es un encanto :juas: Pero es que no sabe que contra Inu yasha no hay nada que hacer :amor: :amor: :amor:

Me he imaginado la escena intentando pegarse y me parto :memeo: Ahora no puedo imaginármelos intentando declarar su afecto de hermanos :meparto:


Continuación YA!!!! :vibras: :vibras:

#13 frikye

frikye

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Escrito 02 March 2012 - 01:14 AM

Cof cof... por aquí hace falta una conti... :yonohesido: :yonohesido: :yonohesido:

#14 Peachilein

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Escrito 06 March 2012 - 04:27 AM

Y aquí estamos nuevamente :popilla: . Ya saben, mis comentarios y los agradecimientos, encontrarán al final del capi ^^. Disfruten de la lectura :miniojis:



Capítulo 3: Humillación

—¿Reconocer… nuestros sentimientos? —balbuceó desanimadamente el demonio de blancas vestiduras, sentado sobre la gruesa rama de un árbol.

Sus manos se cerraron en puño y sus finas cejas se fruncieron.

Un panorama un poco extraño, conociéndose los antecedentes de la naturaleza distinguida e inmutable que poseía. Ah, por supuesto, ¿cómo olvidarlo? Aquel, no estaba en su propio cuerpo, encontrándose atrapado en el de su detestable hermano mayor.

En todo este tiempo, su cabeza no había parado de darle vueltas al asunto, pensando en la mejor manera de recuperar su original apariencia. ¿Confesarse? ¡Ja, qué absurdo! ¿Cómo podían esperar que él hiciera semejante barbaridad? Ni siquiera el estúpido de Sesshomaru se dignaría a hacerlo. ¡Sería demasiado humillante para ambos! Sin embargo, si se resistían, nunca podrían volver a la normalidad.

Un cansino suspiro escapó de sus labios. Habían pasado dos días completos desde aquel incidente y hasta el momento, no ha habido cambios, ni en su apariencia ni en su relación con Sesshomaru. Las cosas entre ellos no parecían mejorar en absoluto. Las circunstancias en las que se encontraban, probablemente, no le importaban demasiado, sobre todo, el hecho de quedarse como un híbrido, pese a decir siempre lo contrario.

Aún recordaba claramente sus palabras…

—Yo jamás admitiré algo inexistente. ¿Sentimientos? Eso sólo es cosa de débiles humanos y seres inferiores —dijo Sesshomaru, despectivamente—. Ya bastante he sido humillado al tener que estar en este mísero cuerpo.

¡Imbécil! Siempre queriendo pisotearlo con su actitud frívola y prepotente. Por su maldita culpa los dos seguían como estaban. Y, lo peor de todo era que, el plazo se les estaba terminando…

—Entonces, ¿cuál es el tiempo límite que mencionó, señora? —la intervención de Miroku fue muy valiosa al mencionar factores clave en el asunto.

La vieja matriarca lo meditó unos instantes antes de hablar. Realmente parecía muy segura de lo que decía.

—Eso sólo lo pueden saber los afectados, cuyos cuerpos han sido intercambiados.

Sesshomaru apretó levemente sus cejas y pareció recordar, detalladamente, el instante en que le había sido arrebatado su orgullo. En el momento preciso del intercambio, una voz les había susurrado algo y estaba seguro que Inuyasha también lo había escuchado.

—Tres días —musitó bajito y todos lo voltearon a ver, interrogantes—. Tenemos hasta el tercer alba.


Profundamente decaído, frustrado y ciertamente preocupado, alzó su vista al estrellado cielo nocturno, perdiéndose en aquel infinito. Contempló vacíamente la luna, que se mostraba como un fino y apenas visible hilo encorvado sobre el oscuro manto. Sonrió con ironía. Mañana sería luna nueva, al igual que el vencimiento del plazo para invertir el hechizo de ese estúpido duende, que lo había dejado atrapado en el cuerpo de su indeseable hermano mayor.

¡Un momento! Ahora que lo pensaba, ya no tendría más motivos para considerarse un ser inferior. Toda una vida, escondiéndose, huyendo y luchando por sobrevivir en cada luna nueva, al perder sus poderes demoniacos, se terminaban de repente. Si se quedaba así para siempre, ya nunca más tendría que preocuparse por aquella frágil e inútil condición humana. A Sesshomaru, no le haría daño quedar reducido a la especie que él más odiaba —contradictoriamente de su afecto hacia la pequeña Rin—. Sería muy interesante y divertido verlo convertido en un simple humano. ¡Sí! Por fin, le sería devuelta tanta humillación.

Y aún así, sentía como una parte de él —una esencia importante de su ser— se perdía en un indescriptible vacío.

Lo había meditado mucho desde el intercambio, y de alguna forma, su más grande y pasada ambición se veía cumplida. Ahora era un demonio completo, como siempre lo había anhelado —pese a tener ahora un solo brazo—. Aunque nunca imaginó que resultaría de esta manera tan repentina e inimaginable. ¿Qué más podría pedir? Pero, ¿era esto lo que realmente quería? Ésta, en verdad, podría ser una gran oportunidad; no obstante…

—Kagome…

Aquel nombre fue pronunciado con tanto sentimiento y con tanta nostalgia, que le dolió el pecho. Su adorado tormento, ¿qué haría con ella? Estando él así, ella ya no podría permanecer a su lado. Kagome jamás lo aceptaría como un monstruo completo. Ella lo quería como el vil y sucio híbrido que era, y se lo había dicho en más de una ocasión. Y, eso lo afligía.

Su dorada mirada se entristeció y su mente divagó entre los recuerdos de los pasados dos días. La azabache había estado algo esquiva con él durante este tiempo, al igual que sus amigos que, posiblemente, le temían por su actual apariencia. ¡Tontos! Como si no supieran que era él. Bien, tal vez había sido él, quien los estuvo evitando al no poder dar la cara, pero eso no venía al caso. Francamente, lo que realmente lo ponía de los nervios, era que Kagome prefiriera pasar su tiempo con ese estúpido humano flacuchento, llamado Yosuke, e inclusive, junto a Sesshomaru. ¡Niña tonta! Siempre le complicaba la vida con sus boberías. El hecho que su hermano estuviese ahora en su cuerpo, no significaba que fuera él.

Estaba asustado.

¿Acaso ella habría dejado de quererlo? ¿Lo habría desplazado por alguno de esos idiotas? ¡No, eso no podía ser! ¡No podía perderla de esa manera! ¡Él la necesitaba! Él… ¡Él la amaba! Sin Kagome, se sentía vacío y solo… Sí ella lo rechazaba, no creía poder soportarlo…

—Inuyasha…

La repentina intervención de la voz femenina lo hizo respingar, al tomarlo desprevenido. No se atrevió a mirar, aunque supo muy bien de quién se trataba. Inhaló profundamente, y a sus fosas nasales llegó aquel dulce aroma embriagante que, últimamente, enloquecía cada uno de sus sentidos. Aquella fragancia, cuya dueña le bajaba todas sus defensas, y le recordaba constantemente su tortura… su razón para vivir.

Fingió indiferencia, dispuesto a no demostrar aquella debilidad, que parecía acrecentarse conforme pasaban las horas. Se suponía que estaba enojado con ella por menospreciarlo desde el intercambio, así que aparentaría no haberla escuchado.

—Inuyasha, por favor…

—¿Qué quieres, Kagome? —De acuerdo, no había sido capaz de ignorarla por completo, no obstante, mantuvo fríamente su vista en el cielo nocturno.

—¿Podrías bajar un momento? —pidió ella, amablemente—, quiero hablar contigo.

Era muy extraño ver la figura de Sesshomaru, sentado sobre la rama de un árbol, de manera relajada. Si no supiera que se trataba de Inuyasha, creería que podría tratarse de un caso grave de trastornos psicológicos en la personalidad del gran e inmutable demonio; aunque, francamente, dudaba que algo así pudiera darse en la época feudal, y mucho menos en una “raza superior”.

Cuando el peli-plateado decidió bajar de un salto —correspondiendo a su petición—, y posarse a pocos metros de ella, mas sin dirigirle la mirada, fue inevitable detenerse a observar más detenidamente la masculina figura. Osadamente, se atrevió a delinear cada una de sus facciones, admirando su porte, sus cabellos, y su bien perfilado rostro.
Nunca antes se había atrevido a hacerlo, —mucho menos a tan corta distancia, pues Sesshomaru le hubiese cortado la cabeza antes de terminar con su atrevido escrudiño—, pero la oportunidad se había dado de manera tan casual, que quiso aprovecharla. Debía reconocer, que era un hombre muy apuesto, capaz de encantar a cualquier criatura del sexo opuesto con su simple presencia.

No obstante, había algo que jamás se compararía a Inuyasha, y que a ella, le permitía distinguirlos en cualquier momento… Sus ojos. Ambos poseían el mismo color dorado atrayente, de orbes profundos y cautivadores, pero sus miradas eran completamente diferentes. Independientemente del carácter incomparable de cada uno y sus voces, la calidez que lograba transmitirle su adorado híbrido con su mirar, era única. Y, no habría hechizo alguno que pudiese cambiar esa característica sin igual para engañarla.

Llámese amor, o simplemente obstinación, pero el brillo del alma que ella veía delante de ella, era el más hermoso, sólo por ser él.

—¿Te quedarás como idiota mirando el rostro de Sesshomaru o me dirás de lo que querías hablarme? —preguntó Inuyasha de manera tosca.

Era ridículo, pero sintió celos de que Kagome estuviese enfocando toda su atención en su hermano y no en él en sí, pese a pertenecerle en esos momentos su cuerpo. ¡Era frustrante! No sólo se sentía incómodo, sino que también engañado.

Ella apartó rápidamente la vista, avergonzada, al verse descubierta. Era evidente que a él aún le molestaba su actual aspecto, por no mencionar que, hasta ahora, no le había dirigido la mirada ni una sola vez.

—No cabe duda… que tu y Sesshomaru son hermanos —indicó, casualmente, ante la confusión de Inuyasha—, se parecen mucho. Los dos son igual de tercos —dijo con humor.

—¿Qué?

—No es nada sencillo hablar o razonar con él —expuso la azabache, cansinamente—. Si tan sólo pusiera de su parte para romper el hechizo… —apoyó su espalda contra el tronco del árbol y alzó su vista al cielo—. Se lo he pedido tantas veces, pero se niega a ceder.

Los ojos de Inuyasha se ensancharon con sorpresa. ¿Así que esa era la razón por la que ella había pasado tanto tiempo con el odioso de su medio hermano? ¿Para convencerlo de cumplir con la condición impuesta por ese estúpido duende? Todo este tiempo pensó que ella… ¡Pero qué estúpido había sido!

—Ka-Kagome… —apenas logró encontrar su voz. Se sentía avergonzado, un completo tonto—. Yo… —fue repentino e inaudito, pero cuando se volteó a mirarla, su corazón dio un brusco brinco en su pecho, cortándole la respiración. «¡¿Qué rayos?!»

—Sin importar lo que suceda… yo siempre estaré a tu lado… —murmuró, y él pareció sorprendido.

El platinado parpadeó un par de veces, y se sacudió rápidamente la cabeza antes de contestar. Estaba tratando de controlar las inexplicables emociones que lo estaban invadiendo en esos instantes.

—¡¿Cómo puedes decir eso?! —se exaltó y apretó fuertemente su puño con cierta impotencia. Sin darse cuenta, había acorralado a la muchacha entre el árbol y su cuerpo—. ¿Qué no te das cuenta que en este cuerpo yo…? Ahora soy un demonio, Kagome, y yo… ¡tú ya no me verías de la misma forma!

—Aunque tu apariencia sea diferente, tu interior sigue siendo el mismo —lo contradijo. Estiró su mano hacia el rostro masculino y mirándolo con dulzura, acarició su mejilla—. Tú eres mi Inuyasha, y yo… te seguiré amando de igual manera.

No supo de dónde había sacado el valor para volver a confesársele tan abiertamente, pero del mismo modo en que lo había hecho la primera vez —ya hace mucho, junto al pozo devora-huesos—, las palabras salieron con absoluta naturalidad de su boca. Y, no le importó. Simplemente quiso decirlo.

—Kagome…

El corazón del hombre se agitó desmesuradamente, arrebatándole el aliento de manera desconcertante. Sólo ella podría decirle esas cosas, bajando sus defensas a tal grado, que toda su voluntad quedaba reducida a nada. ¿Cómo seguir luchando ante la presencia de sus propios sentimientos, que amenazaban con explotar en su pecho por tratar de ocultarlos delante de ella?

No negaba que se sentía sumamente extraño. Sus hormonas parecían haber enloquecido, pues no sólo veía a Kagome más hermosa que nunca, sino que de pronto, su cuerpo parecía aumentar bruscamente la temperatura, en contra de su voluntad. Nunca antes le había pasado algo semejante. ¿Podría tratarse de un efecto secundario del actual hechizo? Tal vez, el cuerpo de Sesshomaru tenía ese tipo de reacciones al estar en presencia de una mujer. Aunque, con lo frío e inmutable que él era, no lo creía posible. De cualquier forma, estaba empezando a perder el control… y era peligroso.

Sus dorados orbes quedaron atrapados en los chocolates de la joven mujer, estando ambos a una distancia provocativamente corta. Sintió su garganta seca y al tragar saliva, se relamió inconscientemente los labios, descendiendo su mirada a la exquisita e invitadora boca femenina. Bajó su mano a la delgada cintura, y pegó su cuerpo más al de ella, sintiendo su inquietante calor. Sus labios quedaron a escasos centímetros de distancia, de manera que pudieran sentir sus alientos chocar perturbadoramente contra el rostro de cada uno.

Kagome, estaba paralizada —por no decir, atrapada—, e indiscutiblemente agitada. Su corazón estaba latiendo demasiado rápido, y temía que en cualquier instante, podría detenerse de un paro cardíaco. Sus mejillas, seguramente, debían estar rojas como un tomate, evidenciando su sofoco. ¿Qué debía hacer? ¿Cerrar los ojos y dejarse llevar? Sí, era una opción muy tentadora, por no decir, irresistible. Había esperado por mucho tiempo ser besada, ahora se encontraba en una situación algo más… eh… excitante, que podría conducirla a la perdición de la pasión. Y él, no parecía querer detenerse. Sin embargo, al tratarse del cuerpo de Sesshomaru, no parecía muy correcto.

Estaba muy consciente de lo que había dicho hace menos de cinco minutos, pero… pero…

—¿Interrumpo?

—¡¡ABAJOOO!!

Sin verlo venir, y sin premeditarlo, la brusca reacción de Kagome, arrastró al inesperado visitante, el cual había tenido la dicha de aparecerse en un momento muy inoportuno. Como una vil cucaracha, el hombre con orejas de perro y haori rojo, terminó estampado contra el suelo. El impacto había sido fuerte, tanto, que al levantarse, dejó una visible marca con la silueta de su cuerpo.

Menos mal que no había sido Inuyasha, quien cayó, pues el golpe, seguramente, habría dolido. O eso fue lo que pensó él, al observar —con ojos grandemente abiertos, debido a la sorpresa—, a Sesshomaru morder el polvo. ¡Qué extraño!

—¿Qué demonios…? —Sesshomaru estaba extremadamente desconcertado. Jamás en su vida lo habían golpeado de esa manera tan ridícula, y mucho menos una humana—. ¿Tú hiciste esto? —preguntó acusatoriamente, apuntando a Kagome.

—Yo… el conjuro del collar —balbuceó ella, aún tratando de asimilar lo que había sucedido. Ella quiso sentar a Inuyasha para controlar la situación, pero había olvidado por completo que, el rosario, ahora lo llevaba otro. ¡Ups!— Lo siento…

Encrespado, el demonio, en cuerpo de híbrido, comenzó a jalonear el collar de cuentas, tratando de quitárselo a toda costa. Nadie se atrevía a intentar de dominarlo como a un perro. ¡Nadie! Sin embargo, algo parecía estar mal. ¡Esa maldita cosa se resistía a su voluntad y su fuerza! Todos sus esfuerzos parecían inútiles. ¿Por qué?

—Aunque luches, nunca te lo podrás quitar. No tiene caso —advirtió Inuyasha, ciertamente, divertido con la imagen de Sesshomaru, tras recuperarse de la inicial impresión.

—¡Esto es por tu culpa! —lo acusó Sesshomaru, agarrando a su hermano menor por el cuello.

—¿Si? Entonces, dime, ¿por qué aún seguimos intercambiados? —inquirió Inuyasha con sarcasmo, entrecerrando sus ojos.

—Oh, y debo entender que debido a tu resignación, ¿estuviste a punto de mancillar cuerpo con esta patética humana? —Indicó sin el mínimo tinte de consideración.

Y él que había venido para intentar romper el estúpido hechizo, accediendo a la petición de esa mujer, para que ahora lo humillaran de esa manera. ¡Cómo se arrepentía de siquiera haber pensado en hacer las paces, aunque fuere, por un ínfimo instante!

—¡Oye! —Kagome se sintió ofendida. ¿Cómo se atrevía a insultarla de esa manera?

—El gran Sesshomaru jamás se rebajaría a un nivel tan despreciable y mucho menos, para revolcarse con un ser de raza inferior —dijo despectivamente—, pero claro, ¿qué se podía esperar de un estúpido híbrido?

Inuyasha emitió un profundo gruñido —omitiendo su sonrojo por verse descubierto de esa manera tan vergonzosa—, y estuvo a punto de hacerle tragar sus ofensivas palabras a ese miserable, pero al sentir la presencia de un muy conocido aura llameante, se detuvo. Tragó saliva y tuvo escalofríos. ¡Kagome estaba furiosa! Por su propia seguridad, prefirió dar varios pasos hacia atrás.

—Sesshomaru, será mejor que te retractes… —le advirtió Inuyasha a su pedante hermano mayor.

—¿Retractarme? —Bufó—. ¿Por qué debería?

Bien, posiblemente, el estar dentro del cuerpo de Inuyasha, le había provocado ciertos efectos secundarios, o mínimo, pegado algo aquel carácter impulsivo y poco delicado. Si por algo decían que los lazos familiares eran irrompibles, ahora quedaba más que evidenciado que las similitudes temperamentales también lo eran.

—Sesshomaru… —gruñó la azabache. Sí, definitivamente lo haría—. ¡ABAJO!

Oh, sí, el gran y orgulloso platinado había aprendido una gran lección aquella noche, aún en contra de su voluntad: Nunca provocar a una enfurecida mujer humana, capaz de dominar hasta al más poderoso demonio con un carácter de los mil infiernos, porque definitivamente, le haría pasar la más grande humillación de su prolongada existencia.

Continuará…

:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:


N/A: ¡Hola a todos!

Perdonen por esta pequeña tardanza, pero ya estoy aquí con un nuevo capítulo de esta loca historia ^^. ¿Qué les pareció? Pobre Sesshomaru, si nunca creyó que pudiera ser “humillado” de esta forma, es porque nunca se le había presentado la oportunidad :uooo:. Por algo dicen que hay una primera vez para todo :meparto:.

Muchísimas gracias por su apoyo y por sus hermosos mensajes :fan:. En verdad me animan a seguir, además que con sus palabras me alegran montones :alegria: . Mis especiales agradecimientos a: Lian-san, okru, Yuki-chan y doble gracias a Fris :abrazo:.

Sin olvidarme, de todas aquellas personas que leen en silencio. Igual ya saben que no muerdo :juas:.

¡Besos a todos y nos vemos la próxima!

:besitu:


Nuevo fic (Terminado): "Un intercambio por una confesión" (Inu&Kag)
Relato Original One-Shot: "Dulce Recuerdo"


#15 *Wendy-Gwendolyin*

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Escrito 06 March 2012 - 10:18 PM

:memeo: :memeo: :memeo: qué risa con Sesshomaru, pero cabe destacar que fue su culpa el que terminara mordiento el polvo :memeo: aunque supongo que de no haber llegado a tiempo, la situación se habría vuelto aún mas confusa y tensa de lo que ya está :sisi:
Pero bueno, CONTI CONTI CONTI :vibras:
:bye:
*^_^*

#16 kakasshi

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Escrito 07 March 2012 - 01:38 PM

Me lo he leido de un tirón, Okru me dijo que era divertidisimo y es cierto!
:memeo: :memeo: Lo que me he podido reir con Seshomaru, creo que es el que peor lo esta pasando. Quiza, quien sabe, en su fuero interno si ocultamente deseaba algun mimo de Kagome.... Y va y la pilla en situacion calentona con "su cuerpo" :memeo: :memeo: que oportuno!.

Ya tienes otro lector mas, a la espera del proximo capitulo. :xd:

Este tema ha sido editado por kakasshi: 07 March 2012 - 01:38 PM

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#17 Yuki-chan

Yuki-chan
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Escrito 15 March 2012 - 12:15 AM

NOOOOO les cortaron en el mejor momento!! :memeo: :memeo: :memeo: me encanta tu fic chica!!!
nunca hubiera creido que Sesshomaru terminara sentado con uno de los tantos abajos de Kagome, que imaginación :memeo:
y ahora qué pasara?? en verdad se diran lo mucho que se quieren para volver a sus formas normales? Eso hay que verlo!! :3:

#18 Taishita Taisho

Taishita Taisho
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Escrito 18 March 2012 - 08:18 PM

ajaja amiga m enkanto!! pero cmo ya lo ize tmb comente en el otro foro... ojala la continues pronto jajaja :alegria: :juas:
♥♥♥ aunque no sepa quererte como a ti te gustaria, siempre te querre con todo mi corazon, de la mejor forma que sepa ♥♥♥

♥Inu&Aome♥

#19 Peachilein

Peachilein

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Escrito 24 March 2012 - 08:18 PM

Capítulo 4: Un “te quiero” antes del alba

Ser sentado por Kagome, había sido la experiencia más dolorosa —y humillante— en toda su longeva vida. De no ser por ese maldito conjuro sobre su cuello, ya hubiese asesinado a esa mujer por desafiarlo. Ahora comprendía por qué el estúpido de Inuyasha se dejaba dominar ante ella. ¡No tenía otra opción!

Debía reconocerlo. Era una mujer temeraria, con carácter y valor. Sí, la pareja perfecta para cualquier individuo al que le gustara sufrir… y tener noches fogosas de ardiente pasión…

—¡Ahora dejen su orgullo de lado y díganse que se quieren! —dijo Kagome. Más que una petición, había sido una demanda.

Sesshomaru parpadeó y se sacudió mentalmente la cabeza por tener tan absurdos pensamientos. ¿En qué demonios estaba pensando? ¡¿En placeres carnales con esa humana?! Sí, claro, como si pudiese sentirse atraído por un ser inferior. Estar tanto tiempo atrapado en el cuerpo de un híbrido, le estaba pegando sus debilidades.

Inuyasha hizo un gesto de molestia. Regresó a ver a Sesshomaru, y al notar su semblante de pocos amigos, prefirió irse de allí.

Arrebatada como era, Kagome trató de detenerlo y como no se le ocurrió nada más inteligente que decir, exclamó un "abajo", y Sesshomaru volvió a terminar en el suelo. Oh, sí, una manera no muy buena de comenzar otro absurdo día…

._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.


Cansados y sin aliento, disminuyeron el ritmo de sus movimientos. Sus corazones latían tan rápido que, si no se detenían a descansar, se infartarían. Se dejaron caer de rodillas, apoyándose sobre sus manos, mientras daban grandes bocanadas de aire para llenar sus necesitados pulmones.

Seguir continuamente a un veloz remolino de viento, no era divertido, ni tampoco saludable.

—¡Ya no puedo más! —se quejó uno de los dos compañeros afectados.

—¿Es que él nunca se cansa? —comentó el otro, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de su mano—. ¡Kouga, por favor, detente!

El hombre lobo detuvo abruptamente sus pasos y se volteó hacia ellos, soltando un bufido.

—Par de inútiles, ¿y ahora qué? —inquirió de mala gana—. ¿Ya se cansaron de nuevo?

—Necesitamos un respiro —indicó Hakkaku, fatigado.

—Exacto. No tenemos las mismas energías ilimitadas que tu —acotó Ginta—. Tennos un poco de consideración. ¿Por qué la prisa?

El joven líder cruzó los brazos sobre su pecho, y pensó en ¿cómo explicarles a sus amigos, que los había hecho correr frenéticamente, con el único afán de ver a la mujer, dueña de su corazón? Sí, era algo arrebatado, pero estaba algo ansioso por alcanzar pronto su destino. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había visitado a Kagome, y sus sentidos reclamaban por ella. Realmente la echaba de menos. ¿Acaso era demasiado pedir un poco de comprensión?

Además, desde hace un par de días atrás, había tenido una extraña sensación con respecto a ella, y necesitaba cerciorarse, que ese perrucho de Inuyasha la estuviese cuidando bien. Si se daban prisa, lograrían llegar en la noche, quizás, antes del alba. ¡No había tiempo para descansar!

Y, sin más preámbulos, Kouga volvió a emprender su feroz carrera.

—No de nuevo… —lloriqueó Hakkaku, viendo a su líder desaparecer rápidamente de su vista.

Vivos o muertos, tendrían que seguirlo hasta el fin del mundo.

._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.*-*._.


Con cautela, extendió sus pequeñas manos hacia su objetivo: las lindas orejitas peludas, que reposaban sobre la platinada cabeza. Fascinada, los ojos de la niña brillaron ante el suave tacto. Menos mal que su señor estaba profundamente dormido, porque de lo contrario, jamás hubiera sido capaz de hacerlo…

—¡Rin! —la ponderosa voz la exaltó—, ¿qué estás haciendo?

La pequeña escondió rápidamente sus manos detrás de su espalda, queriendo aparentar inocencia. Se estremeció levemente cuando vio los ojos dorados abrirse y posarse sobre ella, exigiéndole una respuesta.

—Señor Sesshomaru… yo…

—Niña tonta, ¡¿qué crees que estás haciendo?! —alterado, Jaken corrió hacia ella y la jaló bruscamente hacia atrás—. El amo bonito debería castigarte… —su chillona voz se cortó, cuando los orbes dorados se entrecerraron amenazadoramente. Comenzó a sudar. El error había sido suyo—. Oh, perdóneme por mi descuido, por favor. ¡Le juro que no volverá a pasar!

Suplicante, el sirviente se arrodilló frente al gran demonio que, aunque aún se encontrase atrapado en el cuerpo de Inuyasha, seguía luciendo igual de imponente que siempre. Ni mencionar su gélida mirada, carente de todo sentimiento. Aún no se acostumbraba a verlo así.

Sesshomaru le dio su merecido golpe a Jaken, sólo para que se callara. Ya suficiente tenía con tener que soportar su ridícula situación. Y, en silencio, se retiró de su previo lugar de descanso para no ser molestado más. ¡No estaba de ánimos!

—Señor Jaken, ¿el señor Sesshomaru se enojó? —preguntó Rin, inocentemente.

—¿Y qué esperabas? Todo es tu culpa —la regañó el verduzco demonio. Ella sólo bajó su mirada.

—¿El señor Sesshomaru se quedará así pasa siempre?

—Pues… ¡pues claro que no! —se exaltó Jaken, enojado—, ¡ni se te ocurra imaginarlo!

Su inseguridad era evidente, y es que la condición que conllevaba la reversión del hechizo, parecía prácticamente imposible. Aunque por otra parte, ¿su amo bonito, realmente, preferiría permanecer como un híbrido toda su vida, en lugar de tragarse su orgullo por cinco segundos?

—¡Me gustan sus orejas! —confesó Rin, feliz, al recordar su reciente experiencia.

Silencio, eso fue todo lo que se escuchó, junto al soplar de una suave brisa, que atravesó los prados.

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Completamente embelesado, el nieto de la matriarca, se vio nuevamente atrapado en los encantadores ojos chocolates de la joven del futuro. Se aferró a ella, insistentemente, como si no corriera ningún peligro de ser descuartizado, en cualquier momento, por un demonio enfurecido de blancas vestiduras. ¿Acaso Inuyasha no había sido lo suficientemente atemorizante la última vez?

—Joven Yosuke, ya le he dicho que no. Por favor, ¡no insista!

Kagome estaba molesta. ¡Este hombre era más terco que una cabra! Lo peor de todo era que, no sólo era persistente, también era muy atrevido. Era una extraña mezcla entre Miroku, y tal vez… Kouga. Afortunadamente, éste último, no andaba cerca, porque no estaba segura de poder lidiar con otro pretendiente más. Aunque, el hombre lobo, por lo menos, no se propasaba con ella. El joven Yosuke no respetaba su espacio personal en absoluto y en cualquier oportunidad, bastaba con verla, para que perdiera los estribos y se le abalanzara encima. ¡No era normal!

Ya no estaba segura de temer aún por su seguridad, o si prefería que Inuyasha se deshiciera de él. Por cierto, ¿en dónde estaba cuándo se lo necesitaba?

—Perdóneme, señorita Kagome, es que… no puedo evitarlo —se disculpó Yosuke—. Usted me tiene hechizado con su belleza.

Una excusa poco convincente para sus indebidos actos, y aún así, parecía ser la única explicación. Un hechizo. Ya bastante había visto en los pasados días, como para no creer cualquier cosa posible.

—¿Qué ocurre?

¡Era Sango! Felizmente, siempre podía contar con los metiches de sus amigos que, en esta ocasión, eran más que oportunos. Miroku y Shippo, llegaron con ella. La anciana matriarca hizo acto de presencia también, trayendo consigo a Kirara, la cual estaba en su forma grande, ayudando a cargar varios cestos de frutas. Sí, exactamente. Ninguno de ellos había querido involucrarse en los extraños sucesos, consecuentes del hechizo del duende. A cambio, preferían desaparecer por largas horas en cualquier parte hasta que las cosas se solucionaran.

—El joven Yosuke está loco —dijo la azabache, refugiándose en su amiga—, no me deja tranquila.

—¿De verdad? —la exterminadora parecía sorprendida—, ¿pero no se había arreglado el asunto después que Inuyasha… eh… marcara su territorio?

—No —suspiró Kagome, cansada—, todo lo contrario.

Ante tal comentario, Miroku se acercó a Yosuke y con una gran sonrisa en su rostro, le dio una fuerte palmada en el hombro.

—Sí que eres temerario, amigo —dijo—, ¿no tienes miedo a morir? Con tantas amenazas, ya deberías haberte rendido.

—Y-yo… pues sí… es que… —Yosuke no supo muy bien qué contestar, y prefirió mostrar lo que él veía—. ¡Sólo mírela y dígame si no se le sale el corazón con tanta belleza!

Sango, Shippo, Kirara y la vieja matriarca parpadearon confundidos y esperaron expectantes. Miroku sonrió divertido y giró su rostro hacia Kagome. Por supuesto que sabía que la azabache era una mujer muy hermosa, pero no consideraba que fuese para tanto. Después de todo, su bella Sango estaba en primer lugar. O eso fue lo que creyó, porque de repente, se sintió deslumbrado ante la presencia de tan sublime criatura angelical.

—¿Y bien? —preguntó la exterminadora, algo impaciente, al notar la reacción del monje.

—Yo… no lo sé, es que…

Definitivamente algo había cambiado. Por alguna razón, el aire no parecía querer llegar a sus pulmones y su corazón estaba comenzando a bombear sangre en sus venas más rápido de lo normal. Delante de él estaba Kagome, sí, pero inexplicablemente, se sentía extraordinariamente atraído por su simple presencia. Menos mal que no había tenido el mismo efecto desesperado que Yosuke y podía controlar sus emociones… y su cuerpo, porque si no estaría en graves problemas.

—¡¡AAAHHH!!

De acuerdo, sus manos, aparentemente, estaban excluidas del régimen de su cerebro. Sin querer, una de sus extremidades tomó vida propia, posándose sobre la voluptuosa parte trasera de Kagome, quien chilló no sólo del susto, sino que también de la indignación. Naturalmente, como era de esperarse, sus involuntarios actos tuvieron consecuencias, cuando Sango lo derribó, dejándolo con varios chichones sobre su cabeza.

¡AUCH! Eso podría dejar marcas…

La matriarca se detuvo a observar detenidamente Kagome, de pies a cabeza. Entrecerró sus ojos y agudizó su mirada, creyendo descubrir algo sobre la tersa piel de la muchacha. ¡Polvo dorado! Era apenas perceptible a la vista, pero allí estaba.

Ahora lo entendía todo…

Podría ser un problema para todos aquellos del género masculino, y claro, para la jovencita. Si no estaba equivocada, el polvo dorado de duende consistía en despertar, automáticamente, todo sentimiento de amor guardado por su portadora. Si el hombre, cuyo corazón hubiera sido previamente cautivado por la mujer hechizada, bastaría con una mirada, para que todo su cuerpo reaccionara a los fuertes latidos de su corazón, despertando así también, sus instintos más profundos por ella.

Una manera muy “sutil” de hacer fluir el amor sin restricciones. Con razón, su nieto actuaba como un idiota, pero mejor no diría nada.

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A lo lejos, a orillas del bosque, un pequeño hombrecillo de orejas puntiagudas, sonrió con picardía. Había sido descubierto por aquella humana anciana. Debía reconocer que era muy audaz, además de sabia, como si conociese a la perfección de él y su magia.

La había estado observando, y de alguna manera, le parecía familiar. ¿Quién sabe? A lo mejor se habían conocido en algún pasado no tan lejano.

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El sol estaba a punto de ponerse en el horizonte, y extrañamente, empezaba a sentirse… diferente. Desconocía la causa, pero suponía que sería por la pronta culminación del plazo para la reversión.

—¿En verdad quieres quedarte en el cuerpo de Inuyasha? —le reclamó Kagome, una vez los dos se quedaran solos—. Si tanto lo odias por ser un híbrido, entonces, ¿por qué prolongar el malestar de ambos? —cuestionó—. Aunque finjas no tener sentimientos, sé que guardas un gran corazón detrás de esa máscara de demonio duro e insensible.

—No tengo porqué escuchar a una humana —se limitó a decir, dándole la espalda, arriesgándose a volver a ser sentado.

—Mañana, el hechizo será irreversible y quiero dejarte algo muy en claro, Sesshomaru —indicó la azabache—. No dejaré de querer a Inuyasha, sólo por estar en tu cuerpo. No me importa con qué apariencia se quede al final. Permaneceré a su lado, te guste o no —aclaró cortante y se marchó.


Nunca nadie se había atrevido a hablarle de esa manera, mucho menos a retarlo como lo había hecho esa mujer. No era una simple humana insípida de rango inferior. Lo reconocía. Por primera vez en su vida, pudo ver más allá de la superficie. Vio su patética alma noble, que en el fondo, le recordaba a cierta niña que mantenía bajo su protección. Era cuestionable el porqué su hermano se había enamorado de ella.

Tan sumergido en sus cavilaciones había estado, que no se percató del momento en que el astro del día desapareció detrás de las montañas. Su cuerpo comenzó a palpitar preocupantemente. El cielo se oscureció por completo, y con ello, también su cabello, el cual abandonó su característico color plateado. Miró, asustado, sus manos y notó como sus filosas garras desaparecían, convirtiéndose en débiles uñas cortas.

¡¿Qué demonios estaba sucediendo?!

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Después del incidente del “casi beso”, a Kagome le fue difícil volver a acercarse a Inuyasha. No por ella, más bien por él. Por alguna razón, se negaba a dirigirle la palabra, como si su simple presencia, le incomodara. Y, eso la entristecía.

—Inuyasha, por favor —dijo—, ¿quieres, siquiera, mirarme?

—No —fue la escueta respuesta del platinado. Sólo su olor ya lo perturbaba, ni pensar si la miraba. Volvería a perder el control…

Kagome suspiró derrotada y alzó su vista al cielo nocturno. Las horas habían transcurrido rápidamente. El alba estaba muy cerca. Se sentía nerviosa, pero sobre todo, decepcionada. Había tenido la esperanza de hacer entrar en razón a Sesshomaru, pero había fallado. Inuyasha, por su lado, parecía resignado.

Ahora, ella se preguntaba, si realmente sería capaz de permanecer a su lado, estando él en el cuerpo de su hermano mayor. Sí, lo había prometido, pero aún no lo asimilaba.

De pronto, algo se movió entre los arbustos, exaltándola. La muchacha dio un paso hacia atrás. Quizás, se trataba de alguna criatura hambrienta que la había olfateado. Genial, justo cuando estaba completamente desarmada.

—¿Inu-Inuyasha? —balbuceó, sólo para cerciorarse que él la escuchaba.

—Está cerca —gruñó él.

El oji-dorado se puso abruptamente de pie sobre la gruesa rama, pero no era porque ella lo hubiese llamado. No, su cuerpo se mostraba rígido y su vista estaba enfocada hacia otra dirección. Había olfateado algo en el aire. Algo —o alguien— que le desagradaba. Pero entonces, ¡¿qué iba a hacer ella con la criatura que la estaba amenazando allí abajo?! Oh, un segundo. La figura que salió de entre las sombras era…

—¿Sesshomaru? —inquirió, sorprendida.

Lo que veía, era la imagen de Inuyasha, convertido en humano. Pero claro, ¡era luna nueva! ¿Cómo olvidarlo? Estando el gran demonio atrapado en ese cuerpo, era lógico que se viese afectado.

—Terminemos con esto de una buena vez —espetó Sesshomaru sin más. Se sentía ridículo.

Inuyasha se distrajo al escuchar aquello y bajó del árbol de un salto. Hasta se olvidó de lo que había olfateado hace unos instantes.

—¿De… de verdad, lo vas a hacer? —preguntó incrédulo, con ojos grandemente abiertos—. Keh, hasta que decidiste rendirte —bufó airoso, aguantándose las ganas de mofarse de él por su actual apariencia.

—¡Cállate o te mataré! —amenazó e Inuyasha gruñó—. Cualquier cosa es mejor que quedarse en este patético cuerpo.

Bien, ésa no había sido precisamente la declaración que tenía que dar para poder deshacerse el hechizo, pero ese estúpido no estaba ayudando. De no ser porque estaba convertido en un humano, con sus emociones sensibilizadas a causa de quién sabe qué cosa, no estaría haciendo esto, de eso estaba seguro.

—Vamos, no puede ser tan difícil —instó Kagome, dándole un pequeño empujón a Inuyasha.

Él se estremeció con el tacto, cosa que trató de ignorar, pues no era el momento más adecuado para dejar fluir sus instintos. La mirada chocolate le estaba acelerando el pulso… otra vez. ¡Maldición! ¡Necesitaba recuperar su cuerpo cuanto antes!

Tuvieron que transcurrir varios minutos antes de poder reunir todo el coraje para confesarse, en vista que el gran Sesshomaru no se dignaría a hacerlo primero. ¡Obvio!

—Te… quiero… —siseó el oji-dorado entre dientes, esquivando su mirada hacia otra parte.

Se había rendido, y para colmo, ¡había sonado cursi! Aunque pensó que sería más difícil. Tal vez, en verdad sentía lago por su hermano. ¿Quién sabe?

Sesshomaru se mantuvo rígido, aunque no pudo evitar el minúsculo movimiento de su ceja al escuchar la rápida declaración de Inuyasha. ¿Acaso se había sentido conmovido? ¡Patrañas! ¡Esto sólo era un acuerdo mutuo para liberarse de una cruel maldición sin sentido!

Estuvo a punto de retractarse, girar sobre sus pasos y marcharse, pero la amenazadora mirada de Kagome, con un “abajo” marcado en sus ojos, lo obligaron a tragarse su orgullo, y admitir lo evidente.

—Aunque eres una molestia que nunca debió haber llegado a este mundo, tu presencia se ha vuelto… tolerable —sí, había demasiado amor en sus palabras, pero no el suficiente como para que surtiera efecto en la magia—. Está bien —resopló—, te… te quie…

—¡Agh, ya dilo de una maldita vez! —refunfuñó Inuyasha, impaciente. Los primeros rayos del sol se harían presentes en segundos. ¡Y en serio, que no quería quedarse así!

—¡Te quiero! —musitó Sesshomaru, finalmente, sintiéndose más humillado que nunca. ¡Había tocado fondo, pero lo había logrado!

Una luminosa luz, proveniente de los respectivos corazones de ambos hermanos, los envolvió mágicamente. Una corriente de aire se formó alrededor se ellos, convirtiéndose en un torbellino que los hizo girar a grandes velocidades. Sus almas se desprendieron de ellos, buscando sus respectivos cuerpos para realizar el tan anhelado intercambio. ¡Por fin!

Kagome observó la escena y con gran alegría, esperó a que todo terminara para abrazar a su querido Inuyasha. Sin embargo, cuando vio la figura del híbrido caer bruscamente al suelo, con el rostro enterrado, en medio de la reversión del hechizo, y a otro individuo, de pie, sobre su cabeza, quedó paralizada. Un tic se formó en su ojo cuando distinguió al hombre de coleta alta y ojos celestes, el cual, en esos momentos, se mostraba en un estado de pánico, mientras observaba, incrédulo, el cuerpo que estaba pisando.

¡Esto no podía estar pasando!

Continuará…

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N/A: ¡Hola a todos!

Aquí estoy otra vez con un nuevo capítulo ^^. Si me tardé un poco, es porque no había podido darme el tiempo necesario para pasarme debidamente por el foro :uiss:. El trabajo me ha estado absorbiendo mucho ><. Pero bueno… espero les haya gustado :miniojis:.

Muchísimas gracias por cada uno de sus comentarios. Ya saben que son muy valiosos para mí, además de mi incentivo para seguir. Agradezco especialmente a: *Wendy-Gwendolyin*, kakasshi, Yuki-chan y Tashita Taisho :fan:. Sin olvidarme, de todas aquellas personas que leen en silencio y que me agregaron a sus alertas y favoritos.

¡Nos vemos la próxima!

Besos :besitu:
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Nuevo fic (Terminado): "Un intercambio por una confesión" (Inu&Kag)
Relato Original One-Shot: "Dulce Recuerdo"


#20 Kaizen

Kaizen
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Escrito 24 March 2012 - 09:21 PM

:fan: AAAAinnnnsss un Te quiero del amo bonito, aunque sea un susurro, yo me habria derretido!
Si va a pasar con Kouga lo que me imagino, esta sera la cara de Inu :cabreo:
Y Kagome?? Se va a marear de ver a su amor en diferentes cuerpos? O sera la excusa perfecta para retozar?s :uuh: Pase lo que pase esto es muy divertido Peachilein. Esperando conti!


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